*Un alto volumen del agua potable se escapa por las tuberías rotas.
De la redacción
A los numerosos problemas de todo tipo que padecen los habitantes de los municipios urbanos mexiquenses, especialmente de los más poblados, se agrega la pérdida de agua potable en tuberías.
En las demarcaciones mexiquenses conurbadas con la Ciudad de México se estima que más del 30 por ciento del agua que se extrae de pozos o se recibe del Sistema Cutzamala se pierde por fugas en las líneas de conducción, distribución y al interior de los hogares.
Los expertos en el tema consideran grave el problema de dicha pérdida de caudales en una región con bajas reservas de aguas subterráneas y sin fuentes superficiales cercanas,.
El ayuntamiento de Toluca dio a conocer que su organismo encargado del manejo de los sistemas de agua potable, drenaje y saneamiento lleva reparadas 2 mil 600 fugas de agua lo que ha representado un gran esfuerzo y costo.
Se trata de un viejo problema, ya detectado y dado a conocer hace más de 35 años por el Movimiento Ecologista del Estado de México (MEEM), presentado en mayor medida en las partes más viejas de las ciudades, por lo antiguo de sus tuberías.
La organización ecologista hablaba ya entonces de tuberías antiguas, las cuales han acumulado años y sufrido deterioros por los asentamientos del suelo y el paso por las calles de vehículos pesados.
De acuerdo con el fundador y líder histórico del ecologismo en el Estado de México, Roberto Gómez Navarrete (desafortunadamente ya fallecido) el problema de las fugas es complejo porque las autoridades los detectan y resuelven cuando ya el agua sale a la superficie, pero no es así en todos los caso, muchas fugas quedan ocultas.
Son las que erosionan el subsuelo y dan lugar a hundimientos y a la formación de socavones en las ciudades, sin contar que para repararlas debe romperse el pavimento y ocasionar grandes molestias a la población.
De acuerdo con observación de “El Espectador”, muchas autoridades también agravan los problemas, porque no repavimentan las zanjas que cavan para reparar las fugas de agua de las tuberías, ocasionando daños al asfalto. Nada más las rellenan de tierra, que luego las lluvias arrastran hacía los drenajes.
Lo malo es que no hay otra forma de hacer las reparaciones, y las fugas de agua en las líneas de conducción y distribución aumentan su número por lo viejo de las tuberías, en un problema que será difícil y costoso resolver.
Y todo esto se complica en un Estado de México carente de fuentes superficiales suficientes para dotar de agua a su población y con sobreexplotación de las reservas subterráneas, las cuales desde hace varios años reciben menos recargas que los volúmenes explotados.






