*Se realizan en Egipto negociaciones indirectas a iniciativa de Donald Trump.
De la redacción
El pasado domingo hace dos años, milicianos de Hamas ingresaron a territorio israelí, donde perpetraron actos de terrorismo, cuyo saldo final fue de mil 200 personas asesinadas, entre las cuales figuraron 350 soldados y policías. Y 20 días después comenzó el terrorismo de Estado y genocidio ordenado por el primer ministro Benjamín Netanyahu en la Franja de Gaza, que a la fecha acumula más de 66 mil muertes, incluidas más de 20 mil niñas y niños, mujeres y ancianos, más otras tantas miles de víctimas no contabilizadas, porque permanecen sin vida bajo los escombros de los inmuebles destruidos por la aviación del Estado sionista.
A diferencia de la guerra Rusia-Ucrania, en este caso no combate un ejército contra otro, sino uno de los mejores y mejor armados del mundo contra una población civil desarmada, que ha implicado la destrucción de hospitales, escuelas, el 80 por ciento de las viviendas, de la infraestructura de servicios básicos, en un minúsculo territorio de apenas 365 kilómetros cuadrados, donde vivían 2.2 millones de palestinos, de los cuales un alto porcentaje fueron obligados a desplazarse para ponerse a salvo de los ataques por tierra, mar y aire.
Contra la opinión pública mundial, que condena el genocidio y exige el alto al fuego, Netanyahu sigue con su plan de exterminar a la población palestina asentada en la Franja de Gaza, aunque en los últimos días y con las negociaciones indirectas que se realizan en Egipto, parece generarse una leve esperanza del fin del infierno que padecen los gazatíes, víctimas también de un bloqueo de alimentos y medicinas, sumidos en la pobreza extrema por la pérdida de sus viviendas; problema que seguirá aun cuando se frene el genocidio.
El gobierno de Estados Unidos, desde Joe Biden, pero más ahora, son corresponsables del genocidio que comete Netanyahu, porque le ha proporcionado armamento, respaldo político y diplomático al gobierno de Israel, sin importarle el genocidio que lleva a cabo contra la población indefensa, a la que masacra con el pretexto del combate al terrorismo.
Tan sólo por inanición, producto del bloqueo al ingreso de ayuda humanitaria de alimentos y medicinas murieron ya 500 niñas y niños, parte del genocidio contra la población de la Franja de Gaza, por el nuevo Hitler y el respaldo del neonazi y mandatario estadounidense Donald Trump, que dejaron a su país sin autoridad moral para condenar la violación a los derechos humanos y de las libertades en el mundo.
La deshumanización de Netanyahu llega a tanto que ha asesinado a miles de palestinos cuando se desplazaban de la Franja de Gaza, obligados por Israel y en el camino son bombardeos. Lo mismo ha ocurrido con cientos de quienes acudían a recibir ayuda humanitaria internacional alimenticia y fueron ejecutados por el ejército de Israel en los sitios de reparto.
Falto de autocrítica y si sentido de humanidad, el gobierno israelí comete también actos de piratería de Estado, como ocurrió con los más de 400 integrantes de la caravana de embarcaciones que llevaban ayuda humanitaria la población de la Franja de Gaza y fueron secuestrados en aguas internacionales, cuando se acercaban a su lugar de destino.
Fueron detenidos, acusados de terroristas, por parte de un gobierno terrorista y genocida, esposados y conducidos a un puerto israelí. Sólo llevaban alimentos, medicinas y respaldo solidario a un pueblo devastado, y que junto con toda la población palestina, no renuncia a disponer de un Estado, en los límites geográficos fijados en 1947 por todos los países que entonces integraban la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Se cumplieron ya dos años del acto terrorista de Hamas, y el 27 de este mes se cumplirán 24 meses del ingreso del ejército israelí a la Franja de Gaza, para perpetrar el genocidio, en una estrategia de exterminio que utiliza bombardeos aéreos, desde el mar y de tanques, por tierra, que dejará un mancha en Israel y Estados Unidos, que deben ser condenados por todo el mundo.






