
*El resultado ante los colombianos pone en evidencia la falta de visión a futuro de los empresarios del balompié mexicano.
De la redacción
El sábado pasado fue un mal día para el fútbol mexicano. La selección sub-20 fue eliminada en el Mundial Juvenil, en Valparaíso, Chile, después de haber tenido una brillante actuación en la fase de grupo, donde disputó la calificación a cuartos de final con Brasil, España, Marruecos y la selección anfitriona. No pudo llegar a semifinales, perdió por tres goles a cero frente a su similar de Argentina.
No obstante su desempeño previo, pocos se ilusionaron con la idea de que podría dejar fuera de la competencia al representativo juvenil de la selección campeona del mundo, y su doloroso tropiezo no fue una sorpresa. Varios de sus rivales juegan en equipos de primera división en ligas europeas y en la local, en un país que produce grandes jugadores a destajo.
Más grave fue lo ocurrido a la selección mayor, que a ocho meses de mundial sigue decepcionando, preocupando a los aficionados de hueso colorado y sin mostrar progresos. Lo peor es que tampoco hay buenos futbolistas para relevar a los actuales seleccionados, no habrá grandes cambios ni sorpresas en el equipo con el cual se participará en los partidos del Mundial 2026, del que México será una de las tres sedes, a partir de junio del próximo año.
La selección mexicana fue barrida de la cancha por la de Colombia, que se vio imponente, muy completa en todos los aspectos y contundente, como lo prueba esos cuatro goles a cero, a pesar de que tuvo el respaldo de los aficionados que asistieron al estadio de una firma telefónica trasnacional, en Dallas, Texas.
Falló en todas sus líneas. No pudo armar jugadas peligrosas cerca del área rival, y la defensa naufragó. Pudo evitar tres de los cuatro goles, pero reaccionó tarde, con lentitud, sin arrojo. También afloró la lentitud que caracteriza a los defensores. En uno de los goles el rival colombiano los superó por velocidad.
Esta lentitud será una gran desventaja cuando en el Mundial enfrente a selección con jugadores veloces, como son las europeas, y lo más grave es que el técnico Javier Aguirre, de quien muchos ya están pidiendo su salida, no tiene a quien recurrir. Con excepción de Raúl Jiménez, alineó a quienes se supone son los mejores. Y pueda que lo sean, pero de México, no como figuras del balompié mundial.
Tampoco han funcionado los extranjeros que se nacionalizaron. La noche del sábado todos los seleccionados mexicanos fueron impotentes para siquiera inquietar al portero colombiano, quien sólo atajó dos débiles disparos en todo el encuentro, porque la selección azteca no tuvo llegadas, mientras los rivales dieron ejemplo de variedad de juego, técnica, rapidez, juego de conjunto, sólida defensa y delantera contundente.
Desde la misma noche se comenzó a criticar a Javier Aguirre, y hubo quienes dijeron que como director técnico nunca ha ganado torneos importantes. Pueden tener o no razón esos cuestionamientos, pero lo cierto es que sin grandes jugadores de talla internacional no puede armar una selección extraordinaria.
Ahora sólo queda esperar que los seleccionados sorprendan a todo mundo el próximo año y le “tapen la boca” a sus críticos; es decir, confiar en un milagro deportivo, porque lo mostrados hasta ahora no permite con realismo esperar una actuación sobresaliente. Hay varios jugadores sin las condiciones futbolísticas para ser seleccionado, pero el problema se agrava porque el tiempo está encima, y no alcanza para formar buenos futbolistas en 8 meses.
Están los juveniles que brillaron en el Mundial Sub-20, jugado en Chile, aun con su eliminación, pero difícilmente serán titulares en el Mundial, porque también hay intereses económicos mezquinos que apoyan a los seleccionados. La mejor prueba de ello es que hay problemas para excluir al portero Guillermo Ochoa, el más goleado del mundo, inclusive en equipos de segunda división, pero a quien impulsan las televisoras para que sea incluido en la selección e imponga un récord de seis asistencias a esta competencial mundialista.
A esos intereses les importa la marca personal, no la actuación del seleccionado, en algo parecido a lo que ocurrió en una ocasión en el Estado de México en materia forestal. Se impuso Récord Guiness en número de árboles plantados en ocho horas, pero al final nada más prendió el 4 por ciento de los renuevos plantados; es decir, debieron declarar otro récord de esta importancia por el crecido número de arbolitos que se secaron.




