
*La falla de los malos resultados está en la falta de oportunidad a jóvenes.
De la redacción
El llamado de Javier Aguirre, técnico de la selección mexicana de futbol a Germán Berterame, delantero de Monterrey y de origen argentino, generó duras críticas, las cuales se acentuaron después de fallar una clara oportunidad de anotar frente a Panamá, en una de las pocas jugadas de gol construidas esa noche.
Esta polémica no es nueva, y se centra en una realidad innegable: desde siempre, los jugadores extranjeros no han hecho diferencia positiva en el desempeño y resultados de los partidos del representativo del futbol mexicano, como lo dicen los resultados de los torneos mundiales de este deporte, en los cuales, con nacionalizados o sin ellos, no se ha podido hacer un gran papel. Así lo indican también las estadísticas.
Por esa razón por muchos años se dejó de incorporar a futbolistas extranjeros nacionalizados en la selección, porque se partía de la convicción de que si se iba a tener malos resultados en los mundiales, que al menos fueran con puros seleccionados mexicanos.
Las convocatorias de futbolistas extranjeros que juegan en México y son nacionalizados se explican por la falta de grandes futbolistas mexicanos, como ocurre en estos momentos, pero sin caer en el chovinismo, el fondo del problema es el que aquí se ha comentado varias veces:
Falta de oportunidad a jóvenes jugadores mexicanos de desarrollarse, crecer y consolidarse, aun con grandes cualidades, aspiraciones y disposición al sacrificio para triunfar en este deporte; si no hay muchos buenos jugadores es porque los dueños de los equipos y los intereses económicos que representan no los forman.
Una revisión al tema de los integrantes de la selección nacidos y formados en otros países y nacionalizados, indica que en la historia han incluido a españoles, argentinos, peruanos, colombianos, brasileños y hasta un cubano que, extrañamente, fue defensa en la selección, cuando casi todos han sido medio campistas y delanteros, precisamente, las posiciones dentro del terreno de juego donde más futbolistas de ese país se han incorporado al seleccionado.
A las nuevas generaciones de mexicanos aficionados al futbol nada les dicen nombres de jugadores extranjeros que integraron la selección mexicana, como los delanteros españoles José López Herranz, Lorenzo Camarena y Carlos Blanco.
Pero tienen en la memoria los nombres de los argentinos Gabriel Caballero, Matias Vuoso, Guillermo Franco, Lucas Ayala, Cristian “Chaco” Giménez, Rogelio Funes Mori; de los brasileños Antonio Nelson Sinha y Leandro Augusto, Germán Berterame y Santiago Giménez, que tiene la particularidad de ser hijo del Chaco Giménez, y aunque nació en Argentina, llegó a México a los dos años de edad, pero fueron llamados porque faltan buenos futbolistas, y faltan porque no los forman los propietarios de los equipos, que prefieren comprar extranjeros y cerrar las puertas a los jóvenes, en un círculo vicioso que debe romperse.





