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Insisten: conducen alcoholizados en Toluca, a pesar de los operativos

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Accidente de Taxi (Foto: Agencia MVT / Guillermo Montalvo)

*Son hombres la mayoría de quienes por irresponsables se envían a la cárcel.

De la redacción

La irresponsabilidad caracteriza a un alto porcentaje de los conductores de vehículos los fines de semana en Toluca, capital del Estado de México, de acuerdo con la información estadística difundida por el ayuntamiento de la demarcación.

El programa destinado a evitar accidentes, cuya base es prohibir conducir después de consumir alcohol prueba esta realidad, en la que participan también mujeres, aunque todavía en menor proporción.

Cada fin de semana se pone en marcha el programa en sitios diferentes; es decir, no son en un lugar determinado. El mecanismo de revisión para saber si los conductores van o no alcoholizado no es generalizado.

De las personas entrevistadas sólo un porcentaje menor es sujeto de la prueba de alcoholemia, de acuerdo con el criterio de quienes se encargan de esta fase del programa contra los conductores irresponsable.

Los resultados, invariablemente arrojan una alta proporción de los revisados que rebasan los niveles permitidos de alcohol consumido. La mayoría de conductores y conductoras rebasan la media.

De quienes son retenidos y enviados a las autoridades administrativas competentes, los vehículos en algunos casos son entregados a los familiares de los infractores e infractoras.

Otra parte son llevados por las grúas a los corralones, con el consiguiente pago de lo que se conoce como “arrastre” y estancia de la unidad automotora en los “corralones”, pero no siempre honestos, ni respetuosos de las tarifas fijadas para sus servicios.

El gobierno municipal de la capital del Estado de México difunde información sobre el número de conductores y conductoras que someten a la prueba citada, y siempre más del 50 por ciento resulta con niveles de alcohol por encima de los niveles permitidos, por ello son objeto de la medida sancionadora y preventiva de accidente de tránsito.  

Las sanciones, al parecer, no tienen efectos inhibitorios de las conductas castigadas, porque el problema sigue. Posiblemente la persistencia se explique por las décadas de inacción gubernamental contra quienes infringen la norma.

Cuenta también el arraigado mal hábito de los conductores de sobornar a los policías o la corrupción de estos que toman la iniciativa de exigir dinero para no detener a los irresponsables, a quienes les permiten seguir su camino.

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