*Nueve días después de su despegue, regresó al mar Artemis II, recordó viejas dudas.
De la redacción
El misión Artemis II al espacio no despertó el interés de la Apolo 11, la nave que condujo a los estadounidenses Neil Armstrong, Michael Collns y Edwin Aldrin a la luna en julio de 1969.
Los tres estadounidenses llegaron a la superficie lunar, para ser los primeros humanos en lograr esa hazaña. Su “alunizaje” fue visto por millones de personas en el mundo, y en México familias completas y amistades presenciaron el acontecimiento en las salas de sus viviendas, por televisión.
57 años después, la tripulación de Artemis II, según la información oficial difundida, llevó a los cuatro astronautas, incluida una mujer, a la mayor distancia de la tierra que ser humano haya recorrido.
La profusa difusión del desarrollo del plan y de la nave especial hizo creer a millones de personas que la tripulación también llegaría y pisaría la superficie lunar, por ello la aclaración de que eso no ocurriría, sino que sólo orbitarían el satélite natural de la tierra hizo disminuir mucho el entusiasmo.
Una vez de retorno y con la información de que rodearon la luna, pero no la pisaron y que la orbitaron a una distancia de nueve mil kilómetros de la superficie lunar, igual a cuatro veces la que existe entre la Ciudad de México y Tijuana, Baja California, se generaron dudas sobre lo sucedido el 20 de julio de 1969.
De entonces a la fecha la ciencia y tecnología espaciales han avanzado a pasos de gigante, tanto que las de entonces lucen ahora como artesanales, por lo cual si ahora no se atrevieron a pisar la luna, se desconfía de que en verdad lo hayan hecho el grupo de astronautas que encabezó Armstrong, hace casi 57 años.
El debate entre los interesados en el tema se centra en que lo de 1969 pudo ser un montaje, como parte de la propaganda de Estados Unidos, enfrascado en ese tiempo en la “Guerra Fría” con la ahora desaparecida Unión de República Socialista Soviética (URSS).
Para los escépticos el alunizaje de julio de 1969 no habría ocurrido, y debió tratarse de un truco o maniobra estadounidense para presentarse como vencedor de la URSS en la competencia espacial.
Puede tener razón una u otra parte de quienes participan en el debate sobre lo ocurrido hace casi seis décadas, pero lo cierto es que es reconocible la hazaña de la tripulación de Artemis II, porque recorrieron una distancia que nadie había cumplido, aunque no hayan pisado la superficie lunar, como inicialmente se pensó que era el plan.
No hacerlo, le restó interés al regreso de la nave espacial al mar californiano. No se detuvo el tránsito para presenciar el retorno del grupo de astronautas ni en los domicilios se concentraron vecinos para ser testigo de la hazaña.
Debe reconocerse el valor de los viajeros y la viajera espaciales, porque no cualquiera se atreve a recorrer 406 mil 700 kilómetros desde la tierra, para dar una vuelta a la luna, aunque sea a nueve mil kilómetros de su superficie, y debieron recabar información importante para el futuro de los viajes a ese satélite de la tierra.



