*Nunca ha anunciado aspiraciones presidenciales, pero se le ubica en ese escenario.
De la redacción
Durante su participación en la reunión internacional de secretarios de seguridad pública de decenas de países, efectuada en Argentina, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch fue colmado de elogios por parte del director de la DEA, Terry Cole.
Lo más notorio fue que lo llamó “un amigo de Estados Unidos”, cuyo gobierno mantiene una actitud injerencista en México y difunde mentiras sobre vínculos de altos funcionarios del gobierno mexicano con lo que denomina “narcoterroristas”, a los cuales su país arma y con quienes negocia cuando son detenidos o deportados por México.
El trato privilegiado a quien forma parte del gabinete de seguridad nacional fue considerado contraproducente para quien opera en la práctica como vocero de esa área del gobierno mexicano, por los antecedentes de que la identificación de un político o funcionario con Estados Unidos afecta su imagen y genera desconfianzas.
García Harfuch es el más conocido de todos los integrantes del gabinete de seguridad federal, por ello los analistas políticos lo ubican como puntero en una presunta carrera por la candidatura presidencial de Morena, aunque el funcionario ha aclarado que está dedicado de tiempo completo a sus funciones e inclusive reconoce que los avances en el combate a la delincuencia y la reducción de los delitos de alto impacto, especialmente el homicidio doloso, son resultado de las acciones de todas las dependencias y órganos integrantes del citado gabinete.
Sobre el impacto negativo de los elogios de funcionarios estadounidenses en la imagen de políticos y servidores públicos mexicanos existen muchos antecedentes, aunque destaca por el peso del personaje, lo ocurrido en 1945.
Ese año el guerrerense Ezequiel Padilla era el más fuerte aspirante a la candidatura presidencial del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que en enero de 1946 se convertiría en el actual Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Padilla tenía una trayectoria política y administrativa que incluía diputaciones federales, una senaduría, una embajada, la procuraduría general de la República y la titularidad de las secretarías de Educación Pública (SEP) y Relaciones Exteriores (SRE).
A pesar de su historial, en los mandos del PRI existía la convicción de que era demasiado servil al gobierno de Estados Unidos, por lo cual optaron por apoyar al secretario de Gobernación, Miguel Alemán Valdés. Padilla de todos modos fue candidato presidencial por el Partido Democrático de México y el Partido Acción Nacional. Perdió, aunque se adujo un gran fraude en favor del abanderado oficial y exgobernador de Veracruz.
Ezequiel Padilla perdió la candidatura por lo que se destacó en la prensa como su lealtad a la potencia del norte, inclusive fue víctima de una campaña de desprestigio en los medios informativos, en donde lo acusaron de haber apoyado a Victoriano Huerta y respaldado la ejecución extraoficial del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez.
La calumnia era evidente, pero circuló profusamente en la prensa, entonces sólo escrita, porque no había noticieros electrónicos. La verdad es que el político y diplomático nacido en Coyuca de Catalán, Guerrero, cuando ocurrió la traición a don Francisco I. Madero apenas rebasaba los 20 años y no tenía poder, ni influencia sobre quienes cometieron la felonía.
Algo parecido le puede suceder a García Harfuch al ser llamado “amigo de los Estados Unidos”; sobre todo, en momentos cuando esa nación está alineada con las peores causas a nivel mundial y su gobierno muestra una clara y evidente hostilidad hacia nuestro país y sus autoridades. Lo último que necesita México es que su principal encargado de la seguridad nacional sea identificado como pro yanqui.






