COORDENDAS POLÍTICAS
MACARIO LOZANO R.
OCTAVIO MARTÍNEZ EVIDENCIA SU ANTIMORENISMO;
METE SU CUCHARA EN UAEMéx PARA AFECTAR A MORENA
La gobernadora Delfina Gómez Álvarez ha sido respetuosa de la autonomía de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Por razones de legalidad, fue el conducto para hacer llegar al Congreso mexiquense la iniciativa de la nueva Ley de la institución de estudios superiores, que envió la rectora Martha Patricia Zarza Delgado, presentada ya en el pleno ayer, para sustituir a la vigente, que data de 1992; es decir, tiene 34 años y no responde a las condiciones académicas, sociales y económicas de la entidad.
Prudente, la mandataria fue escrupulosa y no le suprimió, ni agregó una coma a la propuesta en cuestión, aprobada previamente por el Consejo Universitario, máximo órgano colectivo universitario, que, a su vez, recogió el sentir, preocupaciones y aspiraciones de una comunidad universitaria que tan sólo su segmento estudiantil es de aproximadamente cien mil integrantes, distribuidos en sus instalaciones de Toluca y regiones mexiquenses, donde funcionan sus centros universitarios y unidades académicas profesionales.
El comportamiento de la gobernadora Gómez Álvarez contrastó con el del diputado Octavio Martínez Vargas, un furioso antimorenista y oportunista, quien se incorporó después al partido guinda para ser diputado local, como ya lo había sido por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), pero ese partido ya no tenía nada que ofrecerle, por su desplome a escala nacional, que le costó la pérdida del registro electoral, aunque con dificultad pudo recuperar a escala estatal.
El neomorenista presentó también una iniciativa de nueva legislación para la Máxima Casa de Estudios del Estado de México, que tiene autonomía constitucional, y por lo mismo, los temas de normas internas los deciden las y los universitarios, y no puede, ni debe intentar siquiera meter las manos alguien que ni siquiera estudio en sus espacios académicos. Y menos cuando ya la comunidad de la UAEMéx y sus autoridades participaron en una consulta para recoger sus opiniones y propuestas.
Martínez Vargas no es parte de la comunidad universitaria de la UAEMéx, ni es egresado de la misma. Estudio derecho en una universidad privada de Coacalco, lo cual agrava su propuesta injerencista y hace inexplicable, a la luz de la lógica, el despropósito del diputado local por Ecatepec, lo cual se agrega a su exigencia de renuncia del secretario general de Gobierno, uno de los fundadores de Morena en el Estado de México, Horacio Duarte Olivares.
Estudiantes, académicos y personal administrativo de la Universidad Autónoma del Estado de México ya opinaron sobre lo que debe contener la nueva legislación de su casa de estudios, y sólo por una clara intención de generarle problemas al gobierno estatal o a Morena puede entenderse la necedad del diputado Octavio Martínez Vargas, quien fue de los grandes beneficiarios de los gobiernos priistas. Un mandatario estatal le otorgó una notaría para uno de los hermanos del legislador, aun cuando no reunía los requisitos.
Busca que la injerencia en la UAEMéx se adjudique a la bancada legislativa de Morena, a la cual por oportunismo pertenece. Ya ni menciona o aclara que antes era un rabioso antimorenista e insultaba al fundador del Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador. De la misma forma trata de darle argumentos a la oposición para acusar al Poder Ejecutivo en manos de Morena de intentar violar la autonomía constitucional universitaria.
No es la primera acción del morenista de última hora que busca generarle problemas al Poder Ejecutivo. Intenta igualmente someter a juicio político al fiscal general de Justicia del Estado de México, José Luis Cervantes, cuando se trata de la cabeza de una institución autónoma fundamental en la lucha contra la delincuencia organizada. Nada más es de imaginar el impacto negativo que el juicio político al fiscal tendría en la Mesa de Paz. Tantas acciones sin sentido común no podrían tener otro objetivo que dañar a Morena y al Poder Ejecutivo, a menos que le procuraran algún beneficio personal, pero aun así pasarían por dañar al partido en el poder y a su movimiento.



