*En el morenismo insisten en que es agente de la CIA desde hace décadas.
De la redacción
Contra toda lógica y con contradicciones en sus explicaciones, el senador Gerardo Fernández Noroña deliberadamente le proporciona armas a la oposición partidista y mediática para atacar a Morena y al proceso de la cuarta transformación, con su conducta provocadora.
Su licencia a su escaño de senador y su anuncio de que viajaría a Palestina para respaldar a ese pueblo ante el genocidio no tienen explicación de sentido común, porque debió acudir cuando era presidente del Senado y los crímenes de lesa humanidad perpetrados por Benjamín Netanyahu estaban al máximo.
En estos momentos hay un cese al fuego, pero además, ya no encabeza a la Cámara Alta del Congreso de la Unión. Si es verdad que lo invitaron con gastos pagados visitar el territorio palestino, debió entender que quien representa al Senado es Laura Itzel Castillo Juárez, no él.
En el colmo de la contradicción, no se fue como senador, porque pidió licencia; es decir, no lleva ninguna representatividad, ni la de legislador plurinominal. Viajó como simple ciudadano, con fondos del gobierno de los Emiratos Árabes; es decir, recibió dinero de un gobierno extranjero, lo cual repiten con insistencia los opositores partidistas y mediáticos, para golpear a Morena.
“Sólo con mucha ingenuidad puede pensarse que un hombre inteligente, de mucha lectura y culto (aunque parezca lo contrario) no perciba que lo que hace afecta la imagen del morenismo”, confió un cuadro de su partido.
De paso, recordó que los viejos militantes de izquierda, incluido el papá del entrevistado, sostienen que Fernández Noroña carga la sospecha de trabajar para la CIA, cuya misión es la de afectar a esa corriente ideológica ahora en el poder.
Antes boicoteó todos los esfuerzos unitarios de la corriente izquierdista, desde que era cuadro del PRD en suelo mexiquense.
No permitió que ese partido creciera, y años después, en el 2006, sus actos de provocación dieron pie a que la ultraderecha empresarial y sus medios informativos atribuyeran al candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, víctima de un gigantesco fraude electoral un carácter violento, destructivo e irracional.
El político tabasqueño percibió el papel que el personaje cumplía en su movimiento y lo apartó de su entorno más cercano, donde se había infiltrado. Estuvo alejado y no participó en la fundación de Morena. Y fue diputado federal, pero por el PT.
Es largo el rosario de actos de provocación destinados a desprestigiar a Morena, a la cuarta transformación y a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, entre los cuales se cuentan sus viajes en aviones privados o en vuelos comerciales, pero clase de lujo, sus carros de alta gama, su residencia en Morelos y sus vacaciones; es decir, sus valores y comportamiento son antimorenistas, pero con la intención de dañar al partido en el poder. Nadie le sirve más la ultraderecha que Fernández Noroña.





