DEJARON DE INFORMAR MEDIOS TRADICIONALES;
DEDICADOS TIEMPO COMPLETO A SER OPOSITORES
MAXIMILIANO CASTILLO R.
A contrapelo de su obligación de hacer realidad el derecho constitucional de la población a estar bien informada, los grandes medios tradicionales de la materia deliberadamente dejaron de informar con veracidad, para dedicarse de tiempo completo a asumir su nueva condición de opositores.
En las redes sociales hay de todo, aunque predomina el desconocimiento de los temas, la ira, las ocurrencias, los insultos, lo grosero y las suposiciones que intentan pasar como análisis serios. La irresponsabilidad también tiene fuerte presencia, como lo está la del afán enfermizo de lograr seguidores.
No obstante, a diferencia de los medios informativos tradiciones, algunos de los cuales se editan desde hace más de un siglo, los electrónicos llevan tres cuartos de siglo, son de reciente data, por lo cual no puede compararse su comportamiento y evolución en el largo plazo.
Pero los medios informativos impresos y electrónicos sí pueden ser analizados en forma comparativa, a partir de lo que fueron hasta el 30 de noviembre del 2018 y lo que son desde entonces. En mayor o menor medida, fueron oficialistas y contrarios a las oposiciones, con las excepciones de la regla.
Ocultaban información por encargo; es decir, la que evidenciaba la corrupción, las arbitrariedades, impunidad e ineficacia en el ejercicio del poder, e inventaban o exageraban los logros de las acciones de las autoridades, aunque formulaban críticas autolimitadas por las conveniencias económicas.
Todavía hace ocho años era impensable la existencia de medios informativos importantes que se dedicaran a mentir sobre lo que hace o dice el gobierno, para enseguida analizar las mentiras que presentan como realidades, con el resultado de que desinforman a propósito como táctica de lucha opositora al poder público.
En otras ocasiones hemos examinado las razones por las que mienten como política informativa y analítica: la pérdida de ríos de dinero que obtenían de los gobiernos, especialmente de los neoliberales, y más específicamente, de los de este siglo, tanto de los del Partido Acción Nacional (PAN), como el del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Lo malo desde la conveniencia de los intereses de la sociedad no es tanto que de gobiernistas por conveniencia se hayan vuelto opositores y se pusieran al servicio de quienes desde el mundo empresarial y partidista tienen ahora esa misma oposición, sin importar que su nueva forma de informar e interpretar los acontecimientos noticiosos agravie el derecho constitucional del pueblo a estar bien informado.
Su propio rol opositor no sería tan criticable si en su combate al gobierno morenista criticaran a partir de fallas reales, no inventadas, porque en esto último consiste su violación al citado derecho constitucional de la sociedad mexicana.
Tampoco les importa su pérdida de credibilidad, sin la cual un medio informativo o periodista sólo vegeta, porque su estrategia acepta de antemano este sacrificio, con tal de recuperar lo que perdieron. Si les hubieran mantenido sus privilegios no serían opositores y sus políticas informativas y analíticas serían las de antes.



