*Trump es la cabeza de la ultraderecha empresarial fascista, que avanza en AL.
De la redacción
(Primera parte)
La ultraderecha mexicana, cuya cabezas más visibles son Ricardo Salinas Pliego y Claudio X. González, con respaldo del segmento partidista de esa posición en el PRI y el PAN, cuyo líder Jorge Romero quiere al magnate como candidato presidencial de su partido, no tiene oportunidad de crecer numéricamente como para desplazar a Morena del poder por la vía electoral.
“A diferencia de países latinoamericanos como El Salvador, Guatemala, Panamá, Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile, Brasil, Honduras y otros, donde la ultraderecha gobierna, ha gobernado y puede reconquistar el poder, en México no está en esas condiciones de ganar en las urnas, y cada día estará peor, porque no entiende el ánimo de la abrumadora mayoría de los mexicanos, favorable a los objetivos de la 4T”, explicó el internacionalista Rodemiro Celis Reséndiz.
“Por eso está en marcha la estrategia de debilitamiento de la imagen del gobierno federal, con actos como la violencia del 15 de noviembre del año pasado en la Ciudad de México, los frecuentes bloqueos de carreteras y de vialidades en las zonas urbanas y la campaña permanente de calumnias de la televisora de Ricardo Salinas Pliego”, explicó.
Académico y especialista en temas de política, geopolítica política y geoestrategia, atribuyó, precisamente, a la falta de respaldo social la decisión de la ultraderecha de buscar la desestabilización del gobierno de Morena mediante la violencia en las manifestaciones, y frustrar los objetivos de la cuarta transformación, con el apoyo de la ultraderecha mundial, que patrocina y lidera Donald Trump.
“No se trata de violencia armada, sino de una campaña de desinformación diseñada desde el exterior, combinada con actos como los que se dieron en la marcha de la generación Z, y la reiteración de calumnias, para dar argumentos a Estados Unidos de que México marcha hacía una dictadura, sin reflexionar que en un régimen autoritario no podrían difamar”, agregó.
En esa marcha “buscaban la represión, para tener bases para intensificar su campaña de desestabilización con el argumento de que una respuesta con la fuerza del Estado era la prueba de la naturaleza represiva y autoritaria del gobierno morenista, sin condenar las redadas en Estados Unidos y la violación de los derechos humanos de los migrantes”.
“Desde días antes de esa manifestación los periodistas al servicio de Ricardo Salinas Pliego reprobaban la instalación de esas vallas. Insistían en que el gobierno morenista temía al pueblo y se aislaba. La verdad es que tenían planeado causar daños a la sede del Poder Ejecutivo Federal, porque inclusive el propio ultraderechista dueño de Televisión Azteca sugería a los jóvenes que actuaran como lo hicieron los jóvenes en Nepal; es decir, que incendiaran edificios públicos”, abundó Rodemiro Celis Reséndiz.
La vocación neofascista de Salinas Pliego se desnudó más cuando aplaudió la intervención militar de Trump en Venezuela, para secuestrar a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. “Dijo que falta mucho por hacer en América Latina; es decir, más invasiones militares”, concluyó Celis Reséndiz.






