EN LA LUCHA INÚTIL POR RECUPERAR PRIVILEGIOS,
LA GRAN PRENSA VERÍA BIEN QUE USA LA APOYARA
MAXIMILIANO CASTILLO R.
Una abrumadora mayoría de los conductores de noticieros de radio y televisión no ocultan su satisfacción cuando presentan información injerencista de Donald Trump o de sus colaboradores de gabinete. Se muestran más alegres cuando esos anuncios incluyen amenazas de incursión de fuerzas militares en México para capturar a jefes de la delincuencia organizada.
Ni por equivocación cuestionan esa intención de aplicar en nuestro país leyes internas de la vecina potencia económica y militar; es decir, no condenan las advertencias de que pueden aplicar y darle jurisdicción extraterritorial a normas estadounidenses, ni mucho menos debaten la validez del principal argumento de trumpismo para intervenir en México.
Trump habla de combatir el “narcoterrorismo”, esa mezcla que en México no se daba, y tampoco el terrorismo, como está definido en las leyes internacionales: actos violentos, irracionales y criminales en la lucha violenta contra un gobierno. Los narcotraficantes se deshumanizaron y perpetran actos atroces que no se conocían hace 50 años.
No obstante, no ejercen violencia extrema con propósitos políticos, como el esquizofrénico Donald Trump, Marco Rubio y otros colaboradores del gobernante les atribuyen al acuñar el término “narcoterrorista”, con la agravante de que mienten inclusive cuando hablan de organizaciones de narcotraficantes, como lo hicieron cuando inventaron el “Cartel de los Soles” en Venezuela, inexistente, pero que fue el pretexto para violar la soberanía de ese país sudamericano y secuestrar y llevarse a Estados Unidos al mandatario venezolano Nicolás Maduro.
En este panorama y marco de actuación del gobierno neonazi de Trump, los conductores mexicanos de noticieros de televisión se convierten en propagandistas de los planes injerencistas de ese mandatario. Lo hacen por mezquindad, en la creencia de que Donald Trump puede resultarles útil y definitorio en su campaña de desprestigio contra el gobierno mexicano.
Y todo ello para recuperar los descomunales privilegios que recibieron de los gobiernos, especialmente de los panistas y priista de este siglo, y que les suprimieron en diciembre del 2018, cuando asumió el cargo Andrés Manuel López Obrador. Salvo tres de los grandes medios informativos, al resto el gobierno les paga por publicidad, pero en montos menores al saqueo de antes. No se conforman y por eso presionan con campañas de calumnias para recuperar lo perdido, que más bien era una modalidad de saqueo del erario.
En esos objetivos van juntos los grandes medios informativos. Son solidarios y falsean y ocultan sus verdaderos fines. Aducen defensa de la libertad de expresión, la cual nunca les interesó y quedó probado cuando el presidente Luis Echeverría Álvarez recurrió a una burda maniobra para sacar a Julio Scherer y a un grupo de colaboradores de “Excélsior”, o cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari despojó a don Manuel Becerra Acosta del matutino Unomásuno”, y exilió al periodista. Menos cuando Ernesto Zedillo obligó al exilio a Gutiérrez Vivó, bajo amenazas de muerte, mientras Enrique Peña Nieto, en su turno, presionó para que suprimieran un programa de Carmen Aristegui.
Los medios informativos y sus periodistas más conocidos se pusieron del lado de los atropelladores de la libertad de expresión y satanizaron a las víctimas, en lugar de solidarizase con ellas. Antepusieron los privilegios que recibían del poder público a su obligación gremial de defender la libertad de expresión, a la que ahora aluden todo el tiempo.




