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Mentiras mediáticas para desestabilizar – Maximiliano Castillo

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LAS MENTIRAS MEDIÁTICAS SOSTENIDAS COMO

ESTRATEGIA PARA DESESTABILIZAR AL GOBIERNO

MAXIMILIANO CASTILLO R.

En una reunión de un grupo de compañeros en la carrera de comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y tres brillantes académicos, dos fueron destacados periodistas durante muchos años y diplomático uno de ellos, mientras que el tercero vive cómodamente de sus actividades privadas, además de tener el trío el beneficio de la jubilación, examinaron la situación del periodismo actual y su abandono de la objetividad en sus políticas informativas y analíticas.

Protagonistas de los cambios trascendentes ocurridos en la actividad a partir de la segunda mitad de la década de los setenta del siglo pasado, coincidieron en destacar la distorsión y desviación total de casi todos los medios impresos, televisivos, radiofónicos y digitales de sus funciones sustantivas de informar y analizar con objetividad y sentido crítico los acontecimientos noticiosos y el ejercicio del poder.

Aclararon que el mal no está en la  antes conocida como infantería; es decir, los reporteros, aunque algunos válidamente tengan diferencias ideológicas con el partido gobernante, sino en el cambio de la visión de los dueños de esos medios sobre su actividad de hoy, concebida como negocio, hasta caer en el mercenarismo.

Uno de los catedráticos jubilados hizo notar algo que pasa desapercibido cuando se analizan el universo periodístico: en la historia del país, salvo casos excepcionales de cooperativismo, los medios informativos fueron fundados por ricos, no por pobres, ello explica sus  políticas frente a la opinión pública, lo cual es verificable.

El académico destacó igualmente que si se excluye los casos de los periódicos (fundados antes del auge de los noticieros de televisión y radiodifusoras) que fueron instrumentos de luchas políticas independentistas y revolucionarias, todos nacieron para hacer negocio, obtener fortuna, el mismo objetivo que tuvo la aparición de los otros medios, dominantes ahora.

La diferencia entre esos fines económicos y los actuales de los propietarios de medios informativos consiste en que antes se conformaban con enriquecerse con ríos de dinero público, pero desde principios del siglo, como parte y defensores de los intereses de la ultraderecha empresarial, se convencieron de que podían someter y poner al servicio de esos intereses a los representantes de las instituciones, comenzando por los presidentes de la República.

Nuestros interlocutores señalaron que las corporaciones empresariales mediáticas consiguieron esos objetivos y pensaron que esa nueva característica en la relación poder-público medios informativos sería para siempre, pero se equivocaron, porque las cosas cambiaron con el triunfo de Morena en la elección presidencial del 2018.

Para entonces habían diversificado sus actividades económicas y, recordaron nuestros maestros, también los conceptos de los ríos de dinero cobrados al poder público, fuente de las inmensas y crecientes fortunas de los dueños de medios informativos. Todo se acabó, y a partir de la pérdida de esos ingresos, buscaron recuperarlos con las campañas “sucias”, pero fracasaron. Escalaron sus posiciones hasta convertirse  en opositores al gobierno, pero desde posturas ultraderechistas, lo cual explica sus políticas informativas y analíticas basadas en mentiras, en una estrategia propia, pero apoyada en la global de la CIA contra gobiernos insumisos.  

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