Por las calles de Toluca
La tarde transcurría sin sorpresas, clases, tareas, todo tranquilo y sin amenaza de lluvia. Ángel me escribió: “¿Vamos por un pulque?”, le respondí que me desocupaba a las cinco. “Yo llego a las tres”, me contestó.
Me desocupé a las cinco cuarenta. La pulquería estaba casi vacía, un par de mesas con gente bebiendo en una tarde tranquila. En una dos chicos y una chica reían y reían recordando algo. En la otra estaban Angel y Xavi.
Xavi es español, llegó a Toluca hace cuatro años de movilidad a la Facultad de Ciencias de la Conducta. Su vida cambió en los seis meses que estaba programada su estancia: su novia en Galicia lo cortó, y él ya no sintió ganas de regresarse. No toma, está jurado, “pero no ante la Iglesia o las estampitas, es una decisión personal y me la cumplo”, me dijo cuando le pregunté cómo se juraba la gente en España. Ya en octubre regresa al vicio, se juró a sí mismo por sólo dos meses.
Esa tarde aprendí de gaitas, festivales medievales, salarios en Europa, farmeo de aura y cómo algunas personas cambian su vida, sus planes, su familia, sus amistades, todo por una desilusión amorosa. También hice algo que nunca se me había ocurrido, de hecho no se me ocurrió a mí, fue decisión del pulquero cuando nos avisó que ya iban a cerrar: tomé pulque en bolsa y con popote por las calles de Toluca y para mi sorpresa ningún policía nos dijo nada en todo el camino al Collage.






