*El proceso electoral local llegará con 10 años sin problemas por fraude.
De la redacción
Poco se percibe, pero el Estado de México no ha padecido conflictos poselectorales desde el 2017. Ese año hubo señalamientos de fraude para favorecer al candidato del PRI a gobernador, Alfredo del Mazo Maza.
El priista ganó por un escaso margen a la abanderada del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Delfina Gómez Álvarez, y los señalamientos de favoritismo de las autoridades electoral hacia el ganador fueron numerosos.
En un alto porcentaje de los mexiquenses quedó la convicción de que Alfredo del Mazo Maza no ganó la elección, pero desde la presidencia de la República y la gubernatura se diseñó y ejecutó una estrategia para su triunfo.
Esa estrategia, habría tenido como objetivo garantizar el triunfo del tricolor, según las quejas posectorales e incluyó el respaldo mediático al candidato del PRD, Juan Zepeda, el impulso a una candidata independiente y a un candidato de izquierda.
Se buscó reducir el apoyo de los votantes al partido que entonces era opositor todavía, tenía sólo tres años con registro, y al año siguiente le arrebató al PRIAN la presidencia de la República, la mayoría en las cámaras del Congreso de la Unión y numerosas gubernaturas.
2017 fue el último año en que se registraron conflictos poselectorales en el Estado de México y el país. Así, para 2027 se llegará a las elecciones legislativas y de ayuntamiento con una década sin este tipo de problemas, que habían abundado años atrás.
En cada elección municipal había protestas y señalamientos de fraudes electorales en favor de las planillas del PRI. Las inconformidades eran tan grandes que llevaban a la “toma” de palacios municipales, y llegaban a durar meses.
Eso no ocurre ya, aunque se presentan señalamientos contra autoridades electorales federales de apoyar al partido en el poder, pero sin recurrir a las vías de hecho, como en el pasado. Las denuncias se presentan especialmente en las tribunas de la Cámara de Diputados Federal y en la del Senado de la República.
Es deseable que la madurez y comportamiento reflexivo de las organizaciones políticas de los últimos años sea la pauta después de los resultados electorales, y que las autoridades de la materia procedan de acuerdo con los principios que las rigen, para que no haya motivos para conflictos poselectorales.
Para ello sólo se necesitará que los partidos políticos trabajen para ganar, pero que si pierden por decisión de los votantes, acepten los resultados, sin alterar las condiciones poselectorales que han prevalecido desde el 2017.






