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‘Abrete el saco para ver si traes un arma’, dijo policía a un periodista en la Cámara local

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Gorilas y no oficiales custodian la entrada al Legislativo mexiquense, y nos cuestan caro a todos. Foto: Archivo

De la redacción

Un reportero mexiquense fue a buscar a un diputado local, el cual, resultó, no estaba en el Palacio Legislativo. “Hable a prensa para que venga alguien”, explicó el que parecía jefe del grupo de guardias, perteneciente a una empresa privada de seguridad que controla la entrada de la sede del Poder Legislativo, ubicado en la parte oriente de la Plaza de los Mártires, en Toluca.

El informador profesional le explicó que no conocía el teléfono de alguien de esa área. “Nosotros tampoco, por lo que no puede entrar. Venga otro día”, dijo para dar por terminado el diálogo. No había otra opción.

No obstante, el periodista le señaló que al Palacio Legislativo le dicen la “Casa del Pueblo” y le preguntó cómo le hace la gente del pueblo cuando quiere ingresar al inmueble. A lo cual, prepotente, repuso que “en estos casos se le anuncia al diputado o diputada que alguien quiere verlo”.

Entonces haga lo mismo. Anúnciame con el diputado que quiero ver. “Yo formó parte del pueblo”, le precisó. De no malas ganas el guardia privado hizo lo que se le solicitó, y envió a alguien a anunciar al periodista.

El jefe envió a uno de los cerca de diez guardias privados que custodian la entrada al recinto público a que fuera a anunciar a la visita. Duró un poco, y cuando regresó informó que autorizaban la entrada. Le habían dicho que el representante popular no estaba en el edificio, pero no lo comunicó al reportero.

Le concedieron el acceso, pero lo más curioso o peculiar es que el “jefe” le pidió al periodista que se desabrochara el saco y que lo levantara para ver si no llevaba un arma. El visitante no pudo evitar la risa, después de haber pasado por el arco detector de metales, pero obedeció. La precaución salía sobrando: no podía ir a agredir al diputado, porque el guardia sabía y no había comunicado que el legislador no estaba en sus oficinas; además, tenían los datos del informador y el ingreso ya había sido autorizado.

Después de todo eso, por primera vez el periodista tuvo que firmar en el cuaderno de registro, en el cual no todos se registran aunque debieran. Por cierto, el bolígrafo que le proporcionaron para ello no pintaba, casi nadie lo ocupa. Tampoco era la primera vez que acudía a la sede de la representación popular mexiquense, y no tiene rostro de maloso.

Los guardias privados de la sede del Poder Legislativo tienen fama de ser prepotentes, y no se sabe si durante el tiempo que están contratados han detectado un arma o siquiera un objeto punzocortante. Hace tiempo, cuando iniciaba la actual Legislatura también tuvieron problemas con el dueño de un diario, quien publicó el incidente (ya eran reincidentes, pues).

Tampoco hay información sobre cuánto nos cuesta a los contribuyentes ese servicio de policías, ni del por qué nadie se ha encargado de civilizarlos, para que adquieran algo de sentido común, que no tienen, porque pensar que el reportero podía traer ua arma para agredir a alguien, especialmente una autoridad, pone en evidencia su visión violenta de la sociedad y las relaciones humanas. Hablando de humanismo mexicano.     

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