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Coordenadas Políticas – Macario Lozano – Asomos de Prudencia en Paristas Universitarios

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COORDENADAS POLÍTICAS

MACARIO LOZANO R.

SE ESTÁ IMPONIENDO LA PRUDENCIA Y EL SENTIDO DE

LA CONVENIENCIA DE REANUDAR CLASES EN UAEMéx

El alumnado del espacio académico de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) en Chimalhuacán acordó entregar esas instalaciones a la Rectoría, encabezada por Martha Patricia Zarza Delgada, en una prueba de que la prudencia y el sentido de conveniencia personal, familiar y social se está imponiendo entre los paristas. También es demostración de la eficacia del diálogo bien intencionado entre las partes es el mejor método para concretar acuerdos beneficiosos para todos.

Es deseable que este comportamiento responsable se extienda a todos los planteles y espacios académicos y de investigación, porque dos de las principales demandas planteadas por los paristas se concretaron. Una de las candidatas que fue cuestionada por presuntamente estar destinada a beneficiarse de una imposición, renunció a sus aspiraciones. Y las otras cinco no tenían objeciones de los inconformes. Otra abandonó la lucha, pero por decisión propia.

Otra demanda atendida por las autoridades provisionales: el voto personal y directo en la elección de titular de la Rectoría, aunque la baja participación del sector estudiantil, donde la indiferencia o abstención alcanzó el 80 por ciento, demostró que con lo conveniente que será siempre la participación decisiva de un conglomerado en la toma de decisiones tracedentes no era una demanda sentida de las y los más de 98 mil alumnas, como lo creen y vociferan los paristas, y prueba también que no la consultaron con la mayoría.

La suspensión de actividades ocasionó daños al proceso enseñanza-aprendizaje, a la investigación y a la difusión de la cultura, en perjuicio de cerca de cien mil estudiantes, y será difícil convencer a la sociedad de que fue una decisión democrática, y mucho menos la selección de voceros del paro fue producto de un proceso democrático entre al menos 49 mil alumnas y alumnos, ni la continuidad de la toma de instalaciones fue consultada por voto directo y secreto de la comunidad estudiantil, como lo exigieron para elegir rectora.

Suspender actividades tampoco contó con la simpatía y el respaldo de la sociedad, como con crudeza lo comprobaron quienes realizaron tareas de “boteo” en el centro de la ciudad capital del Estado. No obtuvieron cooperación, de acuerdo con lo que se presenció en las calles, lo que parece no fue registrado y valorado por el reducido grupo de alumnos que encabezan el movimiento. Y habría que preguntarle a los padres de familia del alumnado su opinión sobre lo ocurrido.

LA DESMESURA DE DECIRSE NIETOS DEL MOVIMIENTO DE 1968

Con escaso sentido de la realidad o, peor aún, con desconocimiento de lo que dicen, en las manifestaciones hubo quienes sostuvieron que son nietos de quienes encabezaron el movimiento estudiantil de 1968. Alguien debería explicarle que esa lucha estudiantil fue contra un sistema político represivo, por las libertades individuales y colectivas, en demanda de la disolución de los cuerpos represivos, por la derogación del delito de “disolución social”, y que las y los estudiantes fueron masacrados en Tlatelolco el 2 de octubre, por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, encarcelados, torturados y no pocos terminaron desaparecidos o en el exilio. Y en sus marchas no pintaron muros de la UNAM, el IPN, ni de la entonces Escuela, hoy Universidad Autónoma de Chapingo. El alumnado desafío al poder público intolerante y represivo.

El Movimiento Estudiantil de 1968, además, formó parte de una serie de movimientos de inconformidad, de lucha, que incluyó previamente al movimiento magisterial disidente y de los trabajadores ferrocarrileros, y entre todos contribuyeron a sentar las bases y generar condiciones que condujeron, así haya sido con décadas de demora, al desplazamiento del viejo regimen, que estaba al servicio de los dueños del dinero y en contra de los intereses de la mayoría (en diciembre de 2018, apenas hace menos de 7 años, el salario era de 88 pesos diarios; es decir, 2 mil 640 pesos), y que fue defendido con represión.

Por eso es un despropósito sostener que hay siquiera una leve similitud entre aquel movimiento estudiantil y el actual, que no enfrentó represión del poder público, ni de las autoridades provisionales de la Máxima Casa de Estudios mexiquense; inclusive entre sus demandas habían incluido que todos aprobaran con calificación de 10, aunque no adquirieron conocimientos la mitad del semestre que terminó.

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