*Los propietarios de los clubes parece que nunca ven por TV los torneos europeos.
De la redacción
Hay un axioma que, en la práctica, recomienda no hacer comparaciones, porque son odiosas. No obstante, sin el componente comparativo muchas situaciones no pueden entenderse cabalmente.
El análisis comparativo también es indispensable en los deportes y especialmente en el fútbol, el más popular en México, cuyo nivel de calidad no puede medirse con precisión sin recurrir a referentes.
La participación de la selección nacional en el torneo regional de la CONCACAF, que ganó, lo consiguió sin mostrar un alto nivel de juego. Y como importaba el triunfo en la final frente al malquerido rival: los Estados Unidos, el aspecto de la calidad del conjunto representativo mexicano no fue objeto de debates a fondo. Se señaló el mal desempeño, pero sin énfasis.
En el llamado “Mundial de Clubes”, la situación fue peor: los equipos mexicanos no llegaron a las fases importantes. Fueron eliminados por clubes poderosos, a pesar que se trató de los equipos más famosos de la Liga Mexicana de Fútbol.
La afición que presenció los partidos en que participaron los conjuntos mexicanos y los de las últimas etapas, cuando éstos ya habían regresados a casa, pudieron darse cuenta del gran trecho que separa la calidad del deporte del país del de las naciones que son potencias.
Componentes como el deseos de ganar, la enjundia y vehemencia en el juego, visión de campo, sentido común al momento de dar los pases a los compañeros, la eficacia en la defensa, en la media cancha y la contundencia de los delanteros frente al marco rival no se ven en el futbol nacional.
De esto se convencieron los aficionados mexicanos, pero al parecer los dueños de los equipos, empeñados exclusivamente en los negocios y, cuando se puede, en el tráfico de influencia, no han querido destinar tiempo a ver cómo es el futbol en las ligas altamente competitivas.
Nadie desconoce que el futbol es negocio, pero aquí en la mayoría de los casos los propietarios de los equipos lo utilizan para facilitar otros tipos de negocios, sin importarle la calidad del producto que ofrecen a un aficionado cautivo.
Eso explica que en los equipos tomen parte sedicentes futbolistas que han dejado pruebas de sobra de que no nacieron para practicar este deporte en el nivel profesional, y que, con las excepciones de la regla, no les importa aprender y superarse en una actividad que presuntamente les apasiona.
Delanteros que en 17 encuentro anotan 3 ó 4 goles, siguen teniendo cabida en clubes de al desempeño en las canchas, como lo vemos en la mayoría de los partidos que se han jugado en el actual torneo.
No se ve mejoría en comparación con la anterior competencia, porque a los dueños, salvo excepciones, no les importa formar clubes con una calidad siquiera cercana a la que los clubes de la liga española, inglesa, alemana, italiana y francesa, para citar a las más competitivas en el viejo continente.





