
*Especialista de la UAEMéx considera necesario reconocer a pueblos rurales.
De la redacción
El campo produce mucho más que alimentos; también preserva cultura, biodiversidad y futuro. Y a partir de esta realidad, es indispensable reconocer la contribución de las comunidades rurales a la conservación de los recursos naturales y el patrimonio cultural.
Carlos Arriaga Jordán, investigador del Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales (ICAR) de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), examinó las actividades productivas rurales desde la perspectiva del patrimonio cultural y la conservación de los recursos naturales.
A partir de esta visión, destacó el especialista en el tema, “el Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales impulsa proyectos de investigación y formación de especialistas para fortalecer el desarrollo territorial en el Estado de México”.
Recalcó que en las zonas rurales también se preservan la cultura, los saberes ancestrales, la biodiversidad y formas de vida que sostienen a millones de personas. No obstante, durante décadas este sector ha permanecido rezagado frente al desarrollo urbano. Y por eso existe el propósito de visibilizar su importancia y promover políticas que impulsen su fortalecimiento
Incluso la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora cada 6 de julio el Día Mundial del Desarrollo Rural, pues el desarrollo rural debe entenderse como un proceso integral orientado a mejorar las condiciones de vida de la población rural.
“El desarrollo rural son los esfuerzos y las políticas públicas para lograr el bienestar de las familias y comunidades rurales. Aunque suele asociarse lo rural únicamente con la agricultura y la ganadería, el campo representa mucho más que la producción de alimentos, ya que gran parte de la estigmatización del medio rural tiene su origen en un proceso histórico en el que la industrialización desplazó al campo y debilitó los vínculos entre las comunidades rurales y urbanas”, abundó.
“Durante décadas se impulsó la idea de que el progreso estaba en las ciudades. Muchas personas dejaron sus comunidades para trabajar en la industria y poco a poco se generó una distancia cultural entre lo urbano y lo rural. Hoy esa frontera comienza a desdibujarse. Hablamos de un continuo urbano-rural donde ambos espacios se necesitan mutuamente. El gran reto es reconocer que detrás del agua que consumimos, de los bosques que nos proveen servicios ambientales y de los alimentos que llegan a nuestra mesa existen comunidades que cuidan esos territorios”, afirmó.
En respuesta a estos desafíos, Arriaga Jordán destacó que desde 2009 el ICAR incorporó una visión multidisciplinaria mediante la Maestría en Agroindustria Rural, Desarrollo Territorial y Turismo Agroalimentario, programa que busca fortalecer las economías locales a partir de productos con identidad regional, como los quesos de Aculco, el mezcal del sur del Estado de México, el café mexiquense o las rutas turísticas vinculadas con la gastronomía y la producción artesanal. En este modelo, explicó, el valor ya no reside únicamente en el producto, sino en la experiencia y el patrimonio del territorio.
“La producción agropecuaria sigue siendo fundamental, pero ya no puede absorber toda la fuerza de trabajo. Se trata de transformar localmente esos productos, generar identidad y crear nuevas actividades económicas. Ese turismo agroalimentario genera ingresos adicionales para las comunidades y fortalece el arraigo de las y los jóvenes”.
El ICAR investiga la producción animal campesina, agroecología de montaña, procesos sociales rurales, género, juventudes, migración, conservación forestal, cambio climático y sistemas agroalimentarios, en colaboración con diversas facultades de la UAEMéx para atender problemáticas vinculadas con el territorio.
“Nuestra misión es desarrollar investigación y formar capital humano para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones rurales. Desde aquí buscamos que nuestros egresados contribuyan a las políticas públicas, a las organizaciones sociales, a las universidades y a las propias comunidades rurales”. La conmemoración del Día Mundial del Desarrollo Rural representa una oportunidad para que gobiernos, universidades y sociedad vuelvan la mirada hacia un sector indispensable para el bienestar colectivo, porque produce nuestros alimentos, conserva los bosques que abastecen de agua a nuestras ciudades y quienes mantienen vivas muchas de nuestras tradiciones, subrayó.





