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Poder Fáctico y su Oposición a la 4T – Maximiliano Castillo

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METÁLICA, NO IDEOLÓGICA, OPOSICIÓN DEL PODER

FÁCTICO ECONÓMICO Y MEDIÁTICO AL MORENISMO

MAXIMILIANO CASTILLO R.

En la historia del periodismo mexicano jamás los grandes medios informativos habían apoyado a los opositores. Siempre respaldaron al régimen dominante y calumniaron, difamaron y satanizaron a aquellos, sin importar su lucha fuera por la vía electoral; y no se diga de quienes combatían a gobiernos por las vías no institucionales. Ahora es todo lo contrario, apoyan con todo a la oposición.

Las propias autoridades les permitían a los medios informativos impresos y, en menor medida, a los electrónicos, algunas críticas, para acreditar su respeto a la libertad de expresión, la existencia de la pluralidad y un Estado Mexicano democrático, de vigentes garantías constitucionales individuales y colectivas.

Mucho dinero destinaban los gobiernos al pago por la difusión de propaganda institucional, con lo que los dueños de las empresas periodísticas se hicieron inmensamente ricos, en la misma medida de la importancia de sus publicaciones en el universo informativo, además de gozar de lo que Héctor Aguilar Camín denominó hace poco “los apapachos” del poder público.

Este sistema de privilegios para lo que antes se conocía como “la gran prensa” se fortaleció mucho a partir del sexenio de Vicente Fox Quesada, en el cual las empresas dueñas de medios informativos incrementaron la venta de publicidad, pero al mismo tiempo se convirtieron en proveedoras de bienes y servicios de la administración pública federal y extendieron sus vínculos comerciales a las obras públicas, mantenimiento de carreteras, renta de gasoductos, hospitales y hasta de cárceles para presos del fuero federal.

Ya constituía un conflicto de interés la actividad informativa y analítica con la condición de proveedores de las autoridades, pero agraviaban más a la ética al venderles todo con excesivos sobreprecios, en claros hechos de tráfico de influencia, corrupción y saqueo del erario. Se llegó al descarado mercenarismo.

Como nunca, entre el 2000 y el 2018 los intereses corruptos del gobierno federal, de la ultraderecha empresarial y del poder fáctico mediático se hermanaron, y también como nunca antes, toda ese entramado de corrupción se unió para impedir el arribo de la democracia desde la izquierda.

Ahí están como pruebas las campañas de desprestigio contra Andrés Manuel López Obrador en los procesos para elegir presidente de la República en 2006, 2012 y 2018. En la última los grandes medios informativos ya no pudieron sacar adelante al régimen de corrupción, porque perdieron credibilidad. No frenaron al tabasqueño, lo que se tradujo en la perdida de sus grandes privilegios, de esos ríos de dinero de los primeros 18 años de este siglo. Eso terminó desde el presupuesto de 2019.

En estas condiciones, los propietarios de los grandes medios informativos se convirtieron en opositores al gobierno morenista y a la cuarta transformación. No cambiaron por razones ideológicas, sino por la pérdida de las condiciones que les permitían acumular descomunales fortunas ilegítimas. Los grandes medios informativos están en la lucha por la nación desde una posición opositora, explicada por razones metálicas, más que ideológicas. Muchos no lo perciben y creen que la actual disputa es como en la década de los setenta del siglo pasado, por el “quítate tú, para ponerme yo”.

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