COORDENADAS POLÍTICAS
MACARIO LOZANO R.
CRECE LA DEMENCIA DE DONALD TRUMP; LO DE
VENEZUELA ES ILEGAL, COMO BOTÍN DE GUERRA
Hace unos días Donald Trump difundió un “ataque” demoledor contra una isla de Irán. Con una serie de misiles prácticamente la borró del mapa. Y así lo difundió en sus redes sociales. El problema fue que Estados Unidos atacó a Irán y éste atacó embajadas del primero en la región, además de un buque dañado con drones, pero el ataque “demoledor” no ocurrió como tal. Las escenas destructivas fueron creadas por el mandatario estadounidense con inteligencia artificial, como lo haría un periodista fantasioso para engañar.
El hecho sería sencillamente risible, si no coincidieran dos realidades: su cada vez más evidente demencia; y su condición del líder de la nación con el mayor arsenal nuclear del mundo; es decir, tiene el botón para detonar armas de destrucción masiva, ello resulta preocupante, pues nada más es de imaginar qué pasará cuando se le ocurra es una buena idea detonar bombas nucleares contra sus reales o inventados países enemigos.
Y en esa misma línea de locura y de desprecio absoluto al marco jurídico internacional, logró que el gobierno de Venezuela, bajo su control, firmara un acuerdo para entregarle a Estados Unidos 65 mil millones de barriles de petróleo, que Trump considera ya de Estados Unidos, los cuales representan un volumen superior a las reservas de crudo de la primera potencia económica, militar y financiera del mundo. Los vecinos del norte tienen reservas probadas por 46 mil millones de barriles.
El descaro de Trump y de sus colaboradores de confianza tan o más neofascistas que él, llega a tanto que el acuerdo en cuestión quedó asentado en un documento de una sola cuartilla, según denunciaron investigadores de la principal universidad del país sudamericano. Es cuestionable si ese compromiso bilateral puede considerarse válido, tomando en cuenta que Venezuela no es un país libre y soberano en estos momentos, dado que está bajo el control de Estados Unidos; es decir, personalmente de Donald Trump, por lo que en esas condiciones no puede hablarse de la “libre voluntad de las partes”.
En esas condiciones el neonazi gobernante estadounidense se apropió, al menos por ahora, de esa riqueza natural de la nación venezolana. La única posibilidad de que se evite el atraco es la derrota electoral de Trump en noviembre, cuando se elegirán representantes y parte del Senado, porque ese acuerdo firmado con Delcy Rodríguez debe ser ratificado por el legislativo estadounidense, y si lo gana el Partido Demócrata, no avalará el robo (aunque tampoco se puede descartar lo contrario).
Otro factor útil para entender la dimensión del petróleo que Trump quiere arrebatarle a Venezuela es la comparación con las reservas probadas de México. Ese crudo de nuestro país ronda los 8 mil 400 u 8 mil 600 millones de barriles; es decir, lo que ambiciona el mandatario de la vecina nación del norte es cerca de ocho veces la riqueza petrolera mexicana. El derecho internacional y la soberanía de las naciones no cuentan para el demencial Donald Trump.
Su pérdida de juicio, si es que en alguna época de su vida lo tuvo, debe preocupar al mundo entero, porque no son tranquilizadoras estas condiciones psiquiátricas de quien dispone del mayor arsenal del mundo. Un mandatario que sin ruborizarse genera con inteligencia artificial la desaparición de la faz de la tierra una isla iraní por un ataque de Estados Unidos, no puede estar mentalmente sano, y nadie garantiza que cualquier día quiera hacer realidad lo que creó con la IA.




