*Utiliza su capacidad importadora para encarecer los productos.
De la redacción
Hace décadas, en México, la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) recomendaba a las familias mexicanas comparar precios de los bienes antes de adquirirlos, para comprarlos a los precios más bajos.
Con ello buscaba que los comerciantes voraces perdieran clientes, ingresos y ganancias, para obligarlos a no abusar en los precios, en lo que se denominaba “el ejercicio del poder de los consumidores”.
Era pertinente la propuesta, cuyos resultados eran positivos; todo lo contrario de lo que hace ahora Donald Trump, quien ejerce en forma demencial el poder importador de su país, pero en perjuicio de sus gobernados, pues adquieren y adquirirán más caros los productos de consumo diario.
En el corto plazo el erario estadounidense obtendrá ingresos por los aranceles, pero quien finalmente los pagará serán los consumidores de Estados Unidos, porque pagarán más.
Es decir, los resultados de los impuestos que cobrará el vecino país a quienes le venden bienes y servicios, serán contrarios a lo que recomendaba la PROFECO: perjudicaran, no beneficiarán a los consumidores estadounidenses.
La medida recaudatoria de Trump, además, dejará intocado el fondo de su problema del déficit entre su producción de bienes y su consumo, porque nada tienen qué ver con los procesos productivos en las diferentes ramas de su economía.
Y lo más grave es que los aranceles afectarán la economía de casi todas las naciones del mundo que comercian con la potencia del norte del continente americano, pero no resolverá la caída de su productividad y producción.
El problema se agravará con la política antinmigrantes, cuando son éstos quienes atenúan el aumento en los costos de producción, por cobrar menos de lo que devengan los trabajadores estadounidenses por las mismas tareas.
Peor será la situación para la vecina nación si todos los países del mundo a quienes les aplica aranceles responden de la misma manera y le cobran un gravamen a las exportaciones de Estados Unidos, porque entonces se desplomarán los volúmenes de bienes que coloca en el mercado internacional, con los consiguientes efectos en el conjunto de la economía estadounidense.
Al paso de los meses queda más claro lo que en este medio informativo se ha sostenido: Donald Trump actúa como si fuera infiltrado de Rusia y/o China en Estados Unidos, para destruir a la potencia, porque hace, precisamente, lo que haría un enemigo al frente de ese país.
En forma inexplicable, nadie en su nación parece preocupado y ocupado en que ese escenario no se materialice, porque le permiten a su presidente ir de errores graves en errores más grave, prueba de que es todo lo contrario de los que el presente y futuro de Estados Unidos necesita en la conducción de su destino.






