*Antes tenían prohibido asesinar mujeres y niños, y no se delataban.
DE LA CORRESPONSALÍA
Acapulco, Gro.- En el proceso de mayor descomposición, los miembros del crimen organizado abandonaron hasta principios que existían en sus actividades delictivas, como la de no arrebatarle la vida a niñas, niños, adolescentes y mujeres aun de los grupos enemigos más odiados.
Otro compromiso explícito era el de no delatar a miembros de su organización de narcotraficantes, aunque cayeran en prisión, destacó Esteban Salmerón Castro, estudioso del fenómeno de la delincuencia organizada y académico de la Universidad Autónoma del estado de Guerrero (UAG).
Ahora los sicarios al servicio de las organizaciones de narcotraficantes masacran familias completas, sin detenerse ante nada, en una deshumanización extrema, sin límites de los delincuentes, abundó.
Las ejecuciones de mujeres son frecuentes, al igual que las de niñas, niños y adolescentes, ello no ocurría hace años, cuando había límites y las agresiones mortales no tocaban a esos segmentos de las familias, aunque fueran de los enemigos encarnizados, explicó Salmerón Castro.
Eso es muy grave y no parece que exista forma de frenar este nuevo comportamiento de los grupos criminales. Hay una descomposición en sus actividades delictivas, que se desarrollan en paralelo con la de narcotráfico, narcomenudeo, secuestro, extorsión y ahora, en el agravamiento de los despojos de inmuebles, robo y comercialización de combustibles, de vehículos, mercancías y de agua, como ocurre en el Estado de México, sostuvo el académico de la UAG.
Se refirió en seguida al acuerdo de las autoridades de justicia estadunidense con Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín el “Chapo” Guzmán, quien fue capturado en Sinaloa, con un alto costo en vida de elementos de los cuerpos de seguridad federales, entregado en extradición al vecino país.
Recordó que allá aceptó su culpabilidad en cargos graves, para obtener una reducción de la condena de cárcel, a cambio de colaborar con la lucha contra narcotraficantes mexicanos que sostiene la justicia del vecino país.
Se trata de un eufemismo eso de “testigo colaborador”, pues se trata de delatar a sus compañeros o aliados, lo que antes en México no se presenciaba. A los delatores, recordó Salmerón Castro, los ejecutaban, aunque fuera del mismo grupo criminal. Les cortaban un dedo, para anunciar que era un delator, y todos aprobaban el castigo.
De paso, cuestionó el uso de criminales delatores contra otros criminales, que impulsa institucionalmente Estados Unidos, pues a pesar de este recurso el tráfico de drogas crece año a año, en la misma medida que aumentan los adictos y las muertes de estadounidenses por sobredosis de sustancias tóxicas ilegales. Los narcotraficantes convertidos en delatores no han tenido utilidad para frenar y, menos, disminuir el problema, concluyó.






