*La función estuvo llena de encuentros emocionantes, y la estelar no fue la excepción.
De la redacción
Nadie dudaba de la calidad boxística de Terence Crawford. Llegó a su pelea de anoche en Las Vegas con 41 triunfos, con 31 nocauts, invicto, habiendo sido considerado varias veces el mejor campeón mundial libra por libra, con coronas en pesos ligero, superligero, welter y superwelter, dos años mayor que su rival y, adicionalmente, con la desventaja de no haber peleado en más de un año. Cargaba también con la creencia de que un buen boxeador chico no le gana a un buen boxeador más pesado. Él lo hizo. Venció al “Canelo” y le arrebató los cuatro cinturones del peso supermediano.
El oriundo de Nebraska, Estados Unidos, hizo alarde de habilidad defensiva y fue certero en su golpeo frente a un Saúl “Canelo” Álvarez, quien no pudo cortarle espacio y acorralarlo para golpearlo en las cuerdas, y tampoco tuvo defensa para los potentes golpes del adversario. Muchos creían que el retador no aguantaría la pegada del jalisciense, que estaba en su peso natural, mientras Crawford tuvo que subir 14 libras para poder pelear. El estadounidense es ahora campeón mundial de las 4 organizaciones rectoras del boxeo mundial e hizo historia, porque nadie había ostentado los cuatro cinturones en tres divisiones distintas.
Así, de los reproches al “Canelo” por haber escogido a un retador de mucho prestigio, pero de menor tonelaje, para minimizar riesgos de una derrota y maximizar ganancias, como buen empresario que es, se pasó a la sorpresa de ver a un mexicano impotente para dominar a Crawford y recibir mucho castigo, prueba de que no valoró la peligrosidad de su ahora verdugo o quiso mostrar los alcances boxísticos que todavía tiene.
En el combate de anoche quien tuvo más riesgos de ser noqueado fue el “Canelo”. Le hacían más daños los golpes del rival que los suyos al que tenía enfrente, a pesar de que el mexicano llegó bien entrenado, como lo ha hecho siempre. En algunos momentos de la pelea lo puso más que el propio campeón mundial semicompleto Bivol.
Llueven las cítricas al mexicano, a quien no pocos consideran que es un fraude como boxeador, lo que evidentemente es falso. El Jalisciense es buen boxeador. No tiene la calidad que le atribuye sus propagandistas, pero es bueno. Lo prueba su récord de 64 peleas, con 39 ganadas por nocaut, dos empates y tres derrotas.
No es el mejor boxeador de la historia del boxeo mexicano, pero sí el más inteligente para bien administrar sus ingresos y ser, por mucho, el mejor pagado de todos los monarcas mundiales que ha dado el país. En esta pelea mostró que ya entró en declive, como lo prueba el hecho de que lleva varias peleas campeoniles sin poder ganar por nocaut, y anoche fue derrotado ampliamente. No puede hablarse de que fue negligente, sino que no pudo hacer más y su rival, que llegó en calidad de víctima, evidenció el declive boxístico del mexicano.
Compensará la pérdida de las cuatro coronas la paga asegurada de 150 millones de dólares y el haber protagonizado la primera función en el estadio de los Raiders. También en la paga tuvo desventaja el nuevo monarca supermediano. Recibió 50 millones de dólares. Crawford dejó entrever su retiro del box.





