ALIMENTOS DE ORIGEN RURAL,
Y SUS PRECIOS GLOBALIZADOS
AUTORIDADES NACIONALES NADA PUEDEN
HACER PARA CONTROLAR LOS PRECIOS
En el siglo pasado la industrialización del país fue financiada en gran parte por el sector campesino, tanto por los bajos precios de sus productos, como por la aportación de mano de obra a las actividades fabriles y de construcción de infraestructura productiva de las empresas nacionales y extranjeras.
Los jóvenes provenientes del campo e incorporados a las zonas urbanas no eran exigentes como trabajadores en centros laborales, porque aun en las precarias condiciones económicas en que los contrataban las empresas, eran mejores sus ingresos que los provenientes de sus cosechas en sus lugares de origen.
Se trataba de muchachos que dejaron el campo por incosteable; sobre todo, porque sus actividades las desarrollaban en tierras de temporal, expuestas a los ciclos de lluvias, las sequías, plagas y pocos excedentes de alimentos de origen rural para comercializarlos, de ahí que con gusto consentían las condiciones salariales y de trabajo en la urbe.
Esas condiciones rurales en el suelo excluido de los sistemas de riego continúan, con la agravante de que ahora los precios de los granos básicos no los fija la ley de la oferta y la demanda sino que, al globalizarse la economía a escala planetaria, las cotizaciones están determinadas por la bolsa de alimentos de Chicago.
En estas condiciones, la agricultura, aun la de riego es incosteable cuando hay sobreoferta en el mundo y los precios se caen por debajo de los costos de producción. La situación es más gravosa en el caso de la agricultura de temporal, porque cuando las cosechas son escasas e insuficientes, los precios se disparan y deben cubrirlos.
También en estos casos los niveles de las cotizaciones del maíz los fijan los países grandes productores de cereales básicos, mientras las familias campesinas de nuestro país sufren por el encarecimiento de estos productos, que deben comprar sacrificando la satisfacción de otras necesidades, porque alimentarse siempre es prioritario.
Este escenario internacional pone de manifiesto el enorme reto que representa para México lograr la soberanía alimentaria. El problema es que en el caso de los precios de los alimentos de origen rural el gobierno poco, casi nada puede hacer frente a la globalización de las cotizaciones de los granos básicos.
Y por lo estratégico que resulta producir los alimentos de origen rural que consume la población, tampoco puede cruzarse de brazos y dejar que todo lo resuelvan las leyes brutales del mercado globalizado y sin preocupaciones sociales, cuyos controladores sólo ven en la comercialización de granos básicos la oportunidad de ganar más, sin importarles el resto de la población mundial. Así están ahora las condiciones en esta materia.




