
REDES SOCIALES “BENDITAS”, PERVERTIDAS
POR LOS GRANDES INTERESES IDEOLÓGICOS
MAXIMILIANO CASTILLO R.
Al principio de su sexenio, cuando era víctima en los grandes medios informativos de circulación nacional de una campaña permanente de desprestigios, sustentada en calumnias, invenciones, desinformación, con el fin de enajenarle el respaldo popular, Andrés Manuel López Obrador sostenía que contaba a su favor con “las benditas redes sociales”.
Es decir, la participación de millones de personas en las plataformas digitales dominantes de este mundo cibernético, quienes difundían la verdad y neutralizaban hasta volver irrelevante las falsedades difundidas sobre el gobierno lópezobradorista, su partido y la cuarta transformación.
Acertaba en ello, porque efectivamente, las calumnias eran contrarrestadas en “las benditas redes”, desde donde inclusive potenciaron sus cualidades de líder social, político y buen gobernante, cercano y empeñado en servirle al pueblo. Sus calumniadores fracasaron.
Siete años después las redes sociales cambiaron radicalmente, porque fueron pervertidas por los grandes intereses ideológicos ultraderechistas y los de las corporaciones empresariales globales, que actúan a escala local, pero también a nivel planetario, y las utilizan para reforzar y expandir su dominio ideológico, económico y de auxilio de los gobiernos nacionales a su servicio.
En estas condiciones, el problema se complicó y su solución no se vislumbra en el corto plazo. Y lo peor, no pueden legislarse sobre plataformas digitales que operan desde el extranjero, con alcance global, en defensa de intereses antipopulares, lo que afecta más a gobiernos con poca habilidad para desenmascarar las mentiras e intenciones de las falsedades difundidas en las antes “benditas redes”.
Siguen actuando en las redes quienes destruyen las mentiras, pero están en desventaja frente a los inmensos recursos económicos y tecnológicos que como inversión en beneficio de sus intereses destinan a las campañas de mentiras la ultraderecha empresarial del país y trasnacional.
En el caso de México no han podido y no se ve cómo puedan afectar y erosionar severamente el apoyo popular que tiene la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, su partido y la denominada cuarta transformación, porque se trata de seguidores bien informados y que crece su número, como lo muestran los resultados de las encuestas difundidos en las últimas semanas, pero el problema ahí está, lo cual explica el crecimiento de la ultraderecha electoral en América Latina. La perversión de las redes, con sus granjas de bots y mucho dinero es una amenaza para la democracia.



