COORDENADAS POLÍTICAS
MACARIO LOZANO R.
LÍDERES DE PARTIDOS RÉMORAS DEFIENDEN
PRIVILEGIOS, CON CAPACIDAD DE CHANTAJE
Morena, en su objetivo estratégico de ganar los poderes Ejecutivo y Legislativo se vio obligado a aliarse con el PT y el PVEM. El primero, fundado por Alberto Anaya en 1990. Este personaje, amigo íntimo de Carlos y Raúl Salinas de Gortari, lo encabeza desde entonces (cumplió en noviembre 35 años en el liderazgo).
Sin haber ganado una sola elección de mayoría, fue ya 3 veces senador y 4 diputado federal. Llevaría, mínimo, unas dos diputaciones más, pero antes no había reelección. Además, entre muchos otros privilegios, incluyendo las prerrogativas, mantiene un sistema de centros educativos para niños en inicio de aprendizaje, que administra un familiar y recibe fondos públicos.
Carlos Salinas de Gortari, durante su sexenio le ordenó a los gobernadores priistas (entonces eran 31) que apoyaran la fundación del partido de su amigo, mediante la organización de asambleas constitutivas estatales. Así lo hicieron, y en el caso del Estado de México, el gobernador sustituto, Ignacio Pichardo Pagaza, ordenó al PRI cumplir la instrucción presidencial en Tlalnepantla.
Sorprendió en su momento a los bien informados que haya sido Salinas de Gortari, un neoliberal de siete suelas, el interesado de la fundación de un partido de izquierda, para ayudar a su amigo de la juventud, pero pronto se percibió que su maniobra buscó dividir e impedir el crecimiento de la verdadera izquierda. A Anaya tampoco le importaba la democracia, la prueba: 35 años de cacicazgo en el PT.
Los fondos públicos y los cargos de elección popular sin ganarlos directamente, el tráfico de influencia, constituyen sus motivaciones de vida, y su actual alianza con Morena le ha representado enormes beneficios económicos, políticos, electorales y oportunidad de oro para el tráfico de influencia.
En el caso del PVEM, su principal promotor, Jorge González Torres, era yerno de Emilio Martínez Manautou, quien fue secretario (existía ese cargo) de la presidencia de la República en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, después secretario de Salubridad y Asistencia y gobernador de Tamaulipas. Buscó ser candidato presidencial, pero perdió la lucha frente a Luis Echeverría Álvarez.
González Torres fue priista, y encontró en el ecologismo un campo fértil para los negocios personales, familiares y de grupos, que se han beneficiado también de los fondos públicos recibidos como prerrogativas partidistas, y de las posiciones de representación popular plurinominales. Es papá de Jorge Emilio González Martínez, “el niño verde”, que lleva los nombres del papa y del abuelo materno.
Ni el PT, ni el PVEM hubieran podido obtener las posiciones que tienen en las cámaras del Congreso de la Unión de haber participado solos. Y no tendrían enorme capacidad económica y de chantaje, porque sus votos legislativos son indispensables para aprobar reformas constitucionales, imprescindibles para concretar, consolidar, expandir y profundizar los objetivos estratégicos de la cuarta transformación.
Los dirigentes y familiares quieren seguir ocupando curules y escaños sin hacer campañas, sin gastar y sin riesgos de perder. También rechazan la reducción de las prerrogativas. Quieren continuar recibiendo montos calculados por el total de los votantes, no por lo que los partidos llevan a votar, como sería lo lógico. Habrá que esperar para saber cómo funcionó la capacidad de chantaje del PT y el PVEM; capacidad que se las dio Morena.




