COORDENADAS POLÍTICAS
MACARIO LOZANO R.
ROBUSTECE NOROÑA PERCEPCIÓN DE QUE ES
AGENTE DE LA CIA, INFILTRADO EN MORENA
Cuando no se apagaba el escándalo mediático por sus lujosos viajes al extranjero, el senador Gerardo Fernández Noroña se metió en dos más: primero, le hizo el trabajo sucio a la oposición empresarial, partidista y mediática, al lanzarse contra el exgobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, a quien criticó por, según él, estar haciendo un mal papel y ser un cretino como cónsul de México en Miami, Florida. Lo acusó de no defender a los mexicanos indocumentados, recluidos en un centro penal provisional en esa ciudad y puerto.
A la oposición no se le había ocurrido criticar al exmandatario chiapaneco, cuñado, por cierto, del líder de la bancada senatorial de Morena, Adán Augusto López Hernández. No obstante, el mayor servicio hecho a los opositores de Morena ha sido difundir su casa de 12 millones que tiene en Tepoztlán, Morelos, y que compró en diciembre del año pasado, cuando por principios partidistas debía ser austero, no ostentoso; sin embargo, ni siquiera es discreto, porque él mismo se encargó de dar a conocer la propiedad y su valor.
Con esto, al interior de Morena, se robusteció la percepción, existente desde el 2006, de que Fernández Noroña es infiltrado de agencias de inteligencia extranjera -particularmente la CIA- en la izquierda y especialmente ahora en Morena, del cual no es fundador, porque Andrés Manuel López Obrador lo tenía alejado de su movimiento, precisamente, porque fue quien con su radicalismo verbal le formó imagen de violentos a los actos de protesta contra el fraude electoral en favor de Felipe Calderón Hinojosa.
Los antecedentes de provocador y enemigo de la unidad en la izquierda los sentó hace décadas en suelo mexiquense. Dividió al PRD y llegó a apoderarse de la sede estatal perredista, ubicada entonces en la Avenida Hidalgo, en el corazón de la capital mexiquense. Estuvo semanas atrincherado en el inmueble, y antes de abandonarlo contrató un herrero para que soldará todas las rejas de acceso al edificio. Desde entonces se sospechó que era infiltrado, y que su tarea era impedir que la izquierda creciera.
Después de la lucha pacífica contra el fraude electoral del 2006, que adquirió imagen de violenta por Fernández Noroña, el candidato presidencial López Obrador lo alejó de su entorno, y así estuvo, al grado de que en el 2018 no encontró acomodo entre los candidatos morenistas a senadores, pero fue postulado por el Partido del Trabajo. Por esa misma razón, cuando quiso ser coordinador de la bancada senatorial del partido guinda, a pregunta de los reporteros, el político tabasqueño, ya en la presidencia de la República, ante las quejas del personaje porque no le daban la posición, aclaró que no tenía derecho a reclamar, porque él era del PT, no de Morena.
Fernández Noroña dejó claro con su comportamiento que busca dañar a Morena, porque hace todo lo contrario de lo que exigen los principios de ese partido gobernante, y no lo hace por inocencia o por torpeza, sino por estrategia, para darle armas a la oposición en sus campañas de desprestigio contra el Movimiento de Regeneración Nacional (del que, subrayó, no es fundador). En ese esfuerzo debe ubicarse su viaje a Venezuela para reunirse hace años con dirigentes del partido de Nicolás Maduro, precisamente en un momento cuando estaba en su apogeo las calumnias de que López Obrador conducía a México a una dictadura como la de ese país sudamericano.
El personaje es un hombre inteligente, preparado, culto (aunque no lo crean) y su radicalismo le ha ganado simpatía en un importante segmento de las bases morenistas, porque desconocen sus antecedentes y su condición de provocador, y mucho menos la información de que es agente de la CIA, porque busca dañar a Morena. Nadie puede creer que no se dé cuenta que lo que hace es utilizado por la oposición partidista, empresarial y el poder fáctico y su sicariato para dañar a Morena.
No tenía necesidad de mostrar su mansión, pero lo hizo, precisamente, para que se piense que los morenistas son incongruentes, que se están enriqueciendo con la corrupción; que no son austero, ni sencillos, ni humildes y que es una falsedad lo que sostienen de que no puede haber gobierno rico en medio de un pueblo pobre. En esa misma estrategia debe ubicarse la compra de vehículos de superlujo, y su presunción de bonanza.
Tampoco es casual que muestre su mansión cuando desde México la oposición empresarial, partidista y mediática alimentan la visión de Donald Trump y sus colaboradores de que los políticos en el poder tienen vínculos, protegen y se enriquecen a partir de esas relaciones con las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico y su exportación al vecino país del norte. Tampoco es coincidencia que esté hablando de una oposición y riesgo de división en el morenismo. Todo ello forma parte de su misma estrategia de provocador pagado por intereses contrarios a Morena, al gobierno y a la cuarta transformació. De su altercado con Moreno Cárdenas, hablaremos en una próxima entrega.




