COORDENADAS POLÍTICAS
MACARIO LOZANO R.
COMBATE MÉXICO CON EFICACIA AL CRIMEN
ORGANIZADO; USA NO TIENE IGUAL RESULTADO
Entre octubre de 2024 y diciembre de 2025, el gabinete de seguridad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, impidió que 388.8 toneladas de drogas ingresaran al territorio estadounidense. En ese volumen destacan 4 millones de tabletas de fentanilo, la más letal de las actuales drogas sintéticas o de diseño, como también se le conoce. Las pérdidas económicas de las bandas criminales organizadas fueron cuantiosas, pero lo más importante es la protección que estas acciones presentaron para la población joven estadounidense, a la cual estaban destinadas estas sustancias tóxicas ilegales.
También en ese período más de 40 mil presuntos criminales fueron detenidos y se decomisaron más de 27 mil armas de grueso calibre, resultados importantes, porque permitieron en el plano interno reducir 40 por ciento el número de muertes violentas intencionales u homicidios dolosos, como también les dicen, para suavizar lo que representa el quitarle la vida deliberadamente a las personas por parte de sus enemigos. En términos absolutos esos homicidios se redujeron a 34 al día.
Las fuerzas federales y estatales del país obtuvieron logros relevantes en la detección y destrucción de laboratorios dedicados a producir metanfetaminas. De acuerdo con la informado en la semana por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, quien habló a nombre de todo el gabinete de seguridad, en lo que va del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se destruyeron mil 887 laboratorios y se decomisaron toneladas de insumos para producir drogas.
El gobierno estadounidense de Donald Trump, que es capaz de ejecutar una operación quirúrgica a miles de kilómetros de su territorio, como ocurrió en Venezuela con el secuestro del presidente de ese país sudamericano, Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores, y que dispone de los más equipados, eficaces y eficientes servicios de inteligencia del mundo, no puede informar de logros similares en un lapso igual en su lucha contra las drogas y los carteles de las mismas.
No podrá hacerlo, porque no hay preocupación por afectar de verdad y destruir la estructura e infraestructura criminal de los grandes intereses económicos del capital financiero mundial, que opera desde las grandes ciudades del vecino país y que se quedan con 372 mil de los 410 mil millones de dólares que reporta anualmente la venta de drogas al menudeo, según información de universidades de alto prestigio de los Estados Unidos.
Con esos servicios de inteligencia y capacidad militar, nadie que tenga sentido común puede creer que el mercado de las drogas al menudeo, de Estados Unidos, donde se eleva hasta 30 veces el precio de las mismas, comparado con el que rige en los países de América Latina, es desconocido por Trump o su secretario de Estado, Marco Rubio. Lo que pasa es que el negocio es tan grade y el capital financiero mundial tan rapaz, que no le importan las más de cien mil muertes de adictos, por sobredosis, que se registran en la nación del norte de nuestra frontera.
El gobierno de Donald Trump no ha decomisado 388.8 toneladas drogas, como lo ha hecho el de México, ni detenido a 40 mil narcotraficantes armados en su territorio, porque sencillamente no los combate, y los verdaderos capos globales de las drogas son quienes controlan todo lo delictivo en Estados Unidos, y el negocio ilegal de “lavado de dinero” no se limita al campo del narcotráfico, sino incluye las ganancias del contrabando en general y de armas, en lo particular. También dinero proveniente de la corrupción de gobernantes y políticos, y de la evasión fiscal a gran escala.
No se espera un cambio en la política de Trump en materia de combate en su país del narcotráfico, y le resulta más cómodo culpar del problema a otros países y aprovechar un asunto interno para intentar el sometimiento de otros gobiernos a la política de Washington, inclusive con el uso de la fuerza militar, como ocurrió en Venezuela, cuyo interés era el apoderarse de las mayores reservas de petróleo del mundo, en abierta violación a la soberanía de ese país, pero puede ser cualquiera que tenga recursos naturales estratégicos, necesarios para el desarrollo tecnológico de la primera potencia económica y militar del mundo y también primera consumidora de drogas.




