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Trump aniquiló el orden jurídico creado tras la Segunda Guerra Mundial

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Foto: Internet.

*Por el poder nuclear que posee decidió que el petróleo venezolano es de USA.

De la redacción

Con destrozo del marco jurídico internacional, en una escalada de demenciales medidas, el presidente estadounidense decidió declarar propiedad de Estados Unidos los 303 mil millones de barriles que constituyen las reservas de Venezuela. E insiste en apoderarse de Groenlandia y falta el respeto a Canadá y Francia.

Parece convencido de lo que afirma, porque ya agrega a las reservas propias de Estados Unidos (44 mil millones de barriles de crudo) las venezolanas, para sostener que posee ahora las mayores reservas de petróleo del mundo y de su historia.

Un análisis de “El Espectador” y “La Noticiería” a esa peligrosa desmesura indica que para Donald Trump no existe la soberanía e independencia de los otros países, y mucho menos la propiedad sobre sus recursos naturales renovables y no renovables.

Sus propuestas a las grandes compañías petroleras estadunidenses para invertir en infraestructura, explotación y refinamiento del petróleo venezolano incluso van más allá y su comportamiento es propio de los emperadores de la antigüedad.

Asume la propiedad de las reservas petroleras en nombre de Estados Unidos, pero las administrará como si le pertenecieran a él y pudiera decidir libremente qué hacer con esos recursos propiedad de una nación que, de acuerdo al derecho internacional y a la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), son de Venezuela.

Su intervención militar que permitió el secuestro e ilegal traslado de Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores a territorio estadounidense, no significa que Venezuela haya dejado de existir como país independiente. No tiene categoría de colonia, ni puede ser gobernada por Trump, como con violación del derecho internacional lo cree el multimillonario y su equipo (neonazis todos) de colaboradores.

Ante esto, el mundo corre peligro, porque si la representación popular de su país no lo somete al orden legal interno y lo obliga a respetar el derecho internacional, no habrá quien lo frene, si no es por medio del poder de las armas; es decir, con el riesgo de una tercera guerra mundial.

La ONU carece de poder militar para cumplir con su función sustantiva de mantener la paz y la convivencia pacífica entre las naciones; la Unión Europea es incondicional subordinada de Estados Unidos, inclusive fue obligada por Trump a duplicar su gasto para el sostenimiento de la OTAN, y no influye en las decisiones del mandatario estadounidense.

Tampoco puede desconocerse el descomunal poder nuclear de Estados Unidos, y nadie garantiza que el “hombre naranja”, en su esquizofrenia, no lo utilice para construir un imperio no sólo económico y financiero, sino también territorial.

Con sus decisiones, Trump aniquila el marco jurídico internacional e impone la ley “del más fuerte”, así de riesgosa es la situación de la paz mundial.

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