*Muchos productos de consumo generalizado tienen menos peso o volumen.
De la redacción
La clase empresarial encontró una modalidad que les permite en la práctica elevar los precios y avivar la inflación, sin que el problema de afán excesivo de ganancias sea debidamente percibido.
Consiste en reducir el peso de las mercancías; es decir, aun en los casos en que no se aprecia un aumento en los precios, con este tipo de maniobras se paga en apariencia lo mismo, pero por una cantidad menor, según quejas de amas de casa.
Este fenómeno lleva ya tiempo, pero no se había reflexionado sobre el mismo, por lo cual aún ahora se desconoce la nueva modalidad de encarecimiento, sí que se percibe.
De acuerdo con quienes administran el gasto familiar en alimentos y productos de consumo generalizado, “desde hace unos años el aceite ya no se vende en botellas de un litro, sino que le fueron bajando mililitros, al grado de que ahora cobran lo mismo, pero entregan el producto en botellas de 850 hasta 800 mililitros, por lo que de facto han encarecido este producto”.
Y de la misma forma cobran otros productos de la despensa como es el caso de las galletas, “cada vez son menos, pero la caja del mismo tamaño y el precio igual o incluso mayor, te cobran más por el termoformado”, advierten los consumidores, sin que las autoridades se percaten de esta nueva modalidad de afección de la economía popular.
No hay justificación para estas formas de encarecer las mercancías, pues los costos de producción no se han incrementado como para tener que efectuar estas maniobras en perjuicio de la población; sobre todo, de la de menores ingresos.
Las pocas personas que han detectado la situación presentan reclamos a las tiendas, pero los dueños o encargados sostienen que ellos no tienen la culpa de las maniobras de los fabricantes.
Así reciben los productos y así los distribuyen al menudeo, pero reconocen que se dio esa disminución del gramaje y volumen de mercancías como el aceite comestible, que antes se expendía en botellas de un litro, o de 950 mililitros, no de 850, como ocurre actualmente, pero al mismo precio.
Las amas de casa no saben qué hacer en estos casos, puesto que tendrían que perder tiempo para denunciar algo y no tienen la seguridad de que les harán caso; sobre todo, porque hay millones de consumidoras y consumidores que ni siquiera se han enterado del atraco a sus bolsillos.






