*En los primeros 20 días de febrero se presentaron 640 incendios forestales.
De la redacción
Autoridades de la materia expresan preocupación por las condiciones prevalecientes en las zonas boscosas, donde abunda la maleza seca, propicia para la propagación de los incendios, ya numerosos.
El año anterior fue de copiosas lluvias, benéficas para la agricultura y la disponibilidad de agua en las zonas metropolitanas de los valles de México y Toluca, altamente pobladas.
No obstante, también derivado del lluvioso año anterior, creció mucho el pasto y otro tipo de maleza en las regiones forestales, que ya se secó, y constituye un riesgo de incendios difíciles de controlar y sofocar.
De acuerdo con información estadística de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), en los primeros 20 días de febrero los incendios en áreas boscosas del país sumaron 640.
De ese número, cerca de cien, casi el 15 por ciento del total, ocurrió en el territorio del Estado de México, lo cual se considera un alto porcentaje, tomando en cuenta que la superficie de la entidad representa apenas poco más del uno por ciento de la total nacional, y lo más riesgoso del estiaje está por venir.
Cuando la maleza seca es escasa, los siniestros de este tipo son fáciles de controlar y extinguir, pero cuando es mucha y ocurren incendios, estos se expanden con rapidez y son mayores los daños que ocasionan.
Su control y sofocamiento es igualmente complicado. Y más cuando se presentan fuertes vientos, que dan lugar a mayores afectaciones y a ponen en riesgo inclusive la vida de quienes lo combaten.
En estiajes anteriores se han padecido fallecimientos de combatientes del fuego, precisamente, por los efectos del aire en la propagación del fuego en zonas de maleza seca crecida.
Las autoridades forestales del país están exhortando a los que hacen días de campo o circulan en vehículos por carreteras y caminos de áreas forestales a ser cuidadosos, especialmente con las fogatas.
Les recomiendan apagarlas totalmente antes de abandonar los lugares y a los conductores les recuerdan que no deben arrojar colillas de cigarrillos prendidas fuera del pavimento, porque ocasionan incendios.
Un alto porcentaje de éstos son provocados por esos descuidos, aunque igualmente se registran incendios forestales por quemas deliberadas para abrir tierras al cultivo y hasta de mala fe, para que el fuego queme y seque árboles, que luego deben ser talados y aprovechados, con el pretexto de limpiar los bosques y evitar plagas.
La superficie arbolada se ha reducido de manera considerable en las últimas cuatro décadas en el Estado de México, por incendios, deforestación, cambio de uso de suelo de forestal a agrícola o de forestal a habitacional. También se prende fuego a zonas de pastizales, para que surja lo que se conoce como “pelillo”, para alimentar al ganado en pastoreo.






