VERGONZOSO COMPORTAMIENTO DE OPOSICIÓN,
PODER FÁCTICO MEDIÁTICO Y SU SICARIATO
MAXIMILIANO CASTILLO
El desencuentro de los gobiernos de México y Estados Unidos por la solicitud de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Mocha Moya y de 9 personas sinaloenses más, incluidos el senador Enrique Inzunza y el alcalde Culiacán, Juan de Dios Gámez (los tres con licencia a sus cargos) dio lugar a un comportamiento vergonzoso de la oposición partidista, el poder fáctico mediático y su “sicariato mediático”.
Entraron en competencia para ver quién se congraciaba más con el gobierno de Donald Trump, y en este afán ni siquiera se preocuparon por informar si los delitos de que los acusa la justicia estadounidense se perpetraron en territorio mexicano o en suelo del vecino país del norte.
Hasta donde se sabe, los presuntos ilícitos se habrían cometido en Sinaloa, y una de las acusaciones contiene los cargos que formuló en Estados Unidos el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, relacionados con la supuesta intervención del “Cartel de Sinaloa” en el proceso electoral que ganó Rubén Rocha Moya, en el 2021.
Los otros cargos también se relacionan con supuestos vínculo de los acusados y solicitados en extradición con la misma organización criminal; es decir, serían delitos cometidos en el territorio nacional y específicamente, en Sinaloa, cuyas investigaciones y sanciones, en casos de comprobación, corresponden en primer término a la justicia mexicana.
Ni por equivocación los opositores, los dueños de los grandes medios informativos impresos y electrónicos o su “sicariato mediático” (vuelto millonario con la corrupción de los gobiernos neoliberales) han planteado la duda acerca de si las leyes y los tribunales estadounidenses pueden y deben tener jurisdicción en el territorio mexicano, como sería en este caso.
Buscan que Donald Trump les ayude a recuperar el poder en México, sin reflexionar sobre el hecho de que la injerencia trumpista sólo ha tenido éxito en países latinoamericanos donde desde hace décadas la derecha y ultraderecha tiene bases sociales y electorales, como no ocurre, ni hay posibilidades de que se construyan en el corto plazo aquí.
Tampoco reflexionan en que la campaña de desprestigio y desinformación contra el partido en el poder no tiene el éxito buscado, como lo prueba el alto nivel de respaldo social de la presidenta Claudia Sheinbaum, según los resultados de encuestas pagadas y publicadas por esos mismos medios informativos opositores, libres de cualquier sospecha de simpatizar y apoyar al oficialismo.
Otro factor importantes que en su desesperación por recuperar los ríos de dinero que recibieron de los gobiernos priistas y panistas de los últimos 36 años olvidan, es que la elección presidencial en México será en el 2030, pero Trump terminará su período en el 2028, si bien le va, porque si pierde las elecciones legislativas de noviembre será destituido, por ser nefasto para los intereses de los propios estadounidenses.
La oposición de derecha y ultraderecha, de la cual forma parte el poder fáctico mediático soslaya el hecho de que sigue perdiendo credibilidad, porque su intento de congraciarse con Trump es reprobado por los mexicanos, a quienes no les gustan los traidores y traidoras.





