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No Más Tolerancia con la Delincuencia Organizada

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Foto: Archivo.

NO MÁS  TOLERANCIA CON LA

DELINCUENCIA ORGANIZADA

DELITOS COMO EL ROBO DE AGUA Y EL DESPOJO

DE VIVIENDAS CRECIERON POR NO COMBATIRSE

Es explicable, aunque no justificable, el crecimiento del delito de extorsión, el más extendido en suelo mexiquense y el de mayor índice de impunidad. Las víctimas no denuncian porque temen que sus victimarios tengan informantes en Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), lo cual los colocaría en una situación vulnerable frente a los delincuentes.

No es lo mismo en los casos del despojo de vivienda o el robo de agua, por parte de la delincuencia organizada. Ambos crecieron mucho en los últimos años, ante la indiferencia de las autoridades estatales y municipales, y resulta difícil, si no imposible, creer que no se enteraban de lo que ocurría.

Centenares de pipas de diversas capacidades, pero no menos a 20 mil litros, circulaban por las calles de las ciudades mexiquenses, grandes y medianas, con su carga obtenida ilegalmente de las reservas subterráneas y de las aguas superficiales que se conducían mediante tubería.

Ocurría lo mismo en el caso del despojo de viviendas, delito que lleva muchos años cometiéndose, sin que a las autoridades estatales y municipales se interesaran por frenarlo. Las víctimas suman decenas de miles, y sus denuncias no fueron atendidas. Curiosamente, los mandos de los grupos que roban agua para comercializarla, son los mismos que despojan de sus viviendas a los legítimos propietarios, prueba de que gozaban o gozan aún de protección de malos funcionarios públicos.

Los mandos de los grupos delictivos que roban y comercializan agua aparecían en actos públicos de carácter político y electoral, y se tomaban fotos con candidatos y candidatas que luego subían a sus redes sociales, en lugar de ser perseguidos. Se jactaban de hacer ganar a sus amigos quienes, a cambio, les permitían delinquir.

Implícitamente obtenían impunidad, hasta que la federación conoció lo que pasaba y decidió acudir en respaldo de las fuerzas de seguridad estatales y municipales, y del sistema de procuración y administración de justicia, para lo cual se destinó personal de las secretarías y organismo que integran el gabinete de seguridad federal.

Los ciudadanos debemos exigirles a las autoridades que no permita la repetición de lo que comenzó hace años y ahora representa un serio problema de inseguridad pública, con su cauda de violencia, homicidios, secuestros, robos, extorsiones y, por si fuera poco, hasta robo de agua potable, que comercializan con precios excesivamente altos. 

El combate a la delincuencia organizada no ha sido fácil, porque durante años los mandos de los grupos criminales tejieron redes de protección en el mundo oficial, que desde adentro de las instituciones les avisan cuando hay operativos para detenerlos, lo cual explica el bajo número de malhechores capturados en los operativos policiacos.

Si investigan, detectan y proceden penalmente contra quienes alertan a los criminales respecto de las movilizaciones de cuerpos de seguridad para aprehenderlos, y los apoyan en sus actividades delictivas, los operativos detendrán a los mandos de la delincuencia organizada y desarticularán a esos grupos. Es deseable que los esfuerzos combinados y coordinados de los cuerpos de seguridad federales y estatales ofrezcan como resultados a los organizadores de las acciones criminales.         

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