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Coordenadas Políticas – Macario Lozano – Plutocracia Narca y Esquizofrénica Gobierna USA

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COORDENADAS POLÍTICAS

MACARIO LOZANO R.

PLUTOCRACIA NARCA Y EQUISZOFRÉNICA GOBIERNA USA;

LA EXPLOSIÓN DE EMBARCACIÓN FUE TERRORISMO DE ESTADO

La plutocracia, en la definición de los filósofos clásicos griegos, decidió en noviembre del año pasado prescindir de sus representantes en la conducción de los destinos de Estados Unidos, y asumir directamente esas funciones estratégicas de Estado, con Donald Trump como figura decorativa, estrambótica, arbitraria, ignorante, con récord criminal, neonazi, y convencido de verdad que Estados Unidos puede imponer al mundo su visión y hegemonía política.

El problema es que la plutocracia, especialmente su segmento dominante y parasitario en estos momentos: el financiero, carece de sentido y compromiso social y no comprende la necesidad de mantener la paz mundial y el libre comercio, que han sido unas de las banderas de los Estados Unidos desde su fundación. Y ese poderoso estrato de los componentes del imperialismo mundial tiene en sus manos la conducción de los destinos de la primera potencia económica y militar del planeta.

Su enorme habilidad para hacer negocios no tiene correspondencia con la responsabilidad que tiene Estados Unidos en el mantenimiento de las condiciones que hacen posible el comercio y la paz mundiales. Y ese capital financiero mundial es quien controla y se apodera de los ingresos ilícitos que genera el narcotráfico en su venta al menudeo en el territorio estadounidense. Precisamente esto es lo que la esquizofrenia de Donald Trump no le deja ver, y es la causa de los más de cien mil muertes al año por sobredosis de sustancias tóxicas ilícitas, toleradas por las enormes ganancias que genera la venta de drogas al menudeo.

En otras ocasiones hemos reflexionado sobre la plutocracia narca estadunidense, y su esquizofrenia, que no le permite percibir que cuando habla de que en México manda el narcotráfico, pasa por alto que el capital financiero mundial es el verdadero jefe y beneficiario de las actividades criminales relacionadas con las drogas, que representan 400 mil millones de dólares al año, de los cuales sólo 28 mil millones quedan en manos de los narcotraficantes latinoamericanos, incluidos los mexicanos.

Las organizaciones criminales mexicanas introducen las drogas a los Estados Unidos, pero ya en ese territorio el almacenamiento, tráfico distribución y venta al menudeo, donde está el gran negocio ilícito, desde los estados fronterizos con México hasta las ciudades más lejanas al norte de EE. UU. corre por cuenta de narcotraficantes estadounidenses, muy bien organizados y al servicio del capital financiero estadounidense, independientemente de si es judío o de otras naciones.

Todo eso no lo ve Trump o no le permiten que lo vea, y le fortalecen su equivocada creencia de que los malos son los narcotraficantes latinoamericanos, y que en Estados Unidos nadie lava dinero proveniente del comercio de las drogas. En esa visión, todos los más de cien mil muertos anuales de estadounidenses son responsabilidad exclusiva de los delincuentes de otros países, y para nada le permite la plutocracia estadounidense y especialmente el capital financiero, que perciba la realidad.

Por eso se vanaglorió del acto de verdadero terrorismo de Estado que constituyó la muerte de 11 presuntos narcotraficantes en aguas del Caribe, donde mantiene una amenazante presencia contra Venezuela, con buques militares con misiles de última generación. Si el ejército de Donald Trump detectó una embarcación con droga, su obligación era detener a sus tripulantes, llevarlos ante la justicia y presentar como pruebas los narcóticos que llevaban, no aniquilarlos. ¿Qué tal si no eran narcotraficantes?, porque parece ingenuo creer que los criminales se animaran a navegar por aguas con fuerte y extendida presencia de buques de guerra estadounidenses.

No resulta tranquilizador saber que Trump puede actuar como pirata, porque además se trata de un pirata que tiene el botón del armamento nuclear más destructivo del mundo y de toda la historia. Y menos para México, que tiene una frontera de tres mil 180 kilómetros, y que vende en Estados Unidos cuatro quintas partes de sus productos que exporta al mundo anualmente.

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