EN DESARROLLO ECONÓMICO, NO
CAER EN AUTOCOMPLACENCIA
REFLEXIÓN AUTOCRÍTICA PERMITE DETECTAR
FRAGILIDADES Y CORREGIRLAS PARA AVANZAR
Durante el sexenio de Carlos Hank González, desde el gobierno y con alta dosis de jactancia, se sostenía que al Estado de México sólo le faltaba acceso al mar para que fuera una potencia económica. Eran tiempos de gran impulso a la industrialización iniciada varios años antes, especialmente por el gobernador Gustavo Baz Prada.
La entidad, entonces sin el gentilicio de mexiquense, junto con la ciudad de México estaba convertida en un motor del crecimiento y expansión de las empresas fabriles nacionales y extranjeras en el país.
Dicha autocomplacencia, de alguna manera se entendía; sobre todo, porque el fenómeno de la instalación de empresas manufacturas ocurría en un Estado de México mayoritariamente rural, con una población apenas superior a los 3 millones de habitantes y con una clase política y gobernante que aspiraba ya a convertirse en la dominante del país, lo cual no logró sino décadas después.
Pero el desarrollo económico mexiquense perdió impulso, particularmente su sector industrial, hasta llegar a su actual condición. El aumento de las actividades manufactureras se está dando en otras entidades federativas, si bien el peso de la economía mexiquense sigue siendo importante.
En este panorama se dieron a conocer los resultados del Censo Económico de 2024, el cual muestra un aumento en el número de las llamadas unidades económicas, como eufemísticamente se le dice a las empresas o negocios, grandes o pequeñas. El número de las nuevas es el mayor de todas las entidades federativas, lo cual puede conducir a errores de percepción del comportamiento de las actividades productivas.
Examinado este aumento en forma aislada, sin tomar en cuenta el número de plazas de trabajo generadas puede inducir a la autocomplacencia, la vía más rápida para llegar al autoengaño, pues en la realidad se fundaron muchos establecimientos, pero con muy baja ocupación de trabajadores, como acertadamente lo hizo notar Gabriel L. Villalta, responsable de la sección de economía y Finanzas de “El Espectador”. El promedio de ocupación por cada una de las cerca de 897 mil unidades es de 4.1 personas, mientras las 131 mil que se instalaron el último año apenas emplean cada una a 1.5 asalariadas o asalariados.
Sería injusto atribuir esta situación a un gobierno que apenas lleva 24 meses, pero lo conveniente para el interés general de los mexiquenses es que las autoridades no repitan el comportamiento del hankismo, cuando sostenía que con una salida al mar el Estado de México será una potencia económica mayor que algunas naciones.
Por décadas las autoridades mexiquenses dejaron de diseñar y ejecutar una eficaz política de desarrollo económico, ello condujo a que ahora aporte menos del 9 por ciento al producto interno bruto (PIB) nacional, reciba menores montos de inversión extranjera que los estados del norte y que sus exportaciones igualmente no figuren entre las mayores, lo cual resulta más grave por la crecida población.
Es necesario aprovechar las ventajas comparativas que tiene la entidad mexiquense para desarrollarse y que se enumeraron en la nota principal de portada de esta edición de “El Espectador”. No debe caerse en el conformismo y en lo inercial en este tema de importancia estratégica. En desarrollo económico debe planearse bien. Con visión de corto, mediano y largo plazo, ajeno a triunfalismos sin sustento.




