COORDENADAS POLÍTICAS
MACARIO LOZANO R.
M. EBRARD, CONSENTIDO DEL PODER FÁCTICO
MEDIÁTICO Y DE LOS INTERESES QUE DEFIENDE
Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía, no era morenista, ni siquiera es de izquierda, de la cual se ha beneficiado en exceso política, administrativa y electoralmente. Es un hombre inteligente, preparado, pero es mayor su ambición de poder, como lo probó cuando optó por cerrar los ojos ante la terrible represión de Carlos Salinas de Gortari contra la izquierda y, particularmente, contra los perredistas de entonces.
Cerca de 600 militantes del PRD y luchadores sociales fueron ejecutados extrajudicialmente en el territorio nacional, especialmente en el estado de Guerrero, durante el sexenio salinista, del que Ebrard formó parte y en el cual fue consentido por Salinas desde muy joven. Menos mostró desacuerdo con el fraude descomunal que llevó a este al triunfo sobre Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988.
Guardó silencio, porque confiaba en que Carlos Salinas de Gortari impusiera a Manuel Camacho Solís como candidato para relevarlo en el cargo, en 1994. Ebrard ambicionaba estar en el centro de las grandes decisiones presidenciales del sexenio 1994-2000, y hasta soñaba con la presidencia después de su jefe directo.
Fallaron sus cálculos, porque Salinas de Gortari prefirió a Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial, y al asumir el cargo Ernesto Zedillo Ponce de León, y cargar Camacho Solís injustamente la sospecha de haber participado en el complot para asesinar al sonorense, terminaron los sueños de Ebrard Casaubón en el PRI.
Aun así, su salinismo anti-izquierdista lo condujo a formar un partido para oponerlo al PRD y a buscar candidaturas de otros partidos, hasta que sus ambiciones políticas le indicaron que podría recuperar sus posibilidades de ser candidato presidencial algún día con el PRD; sobre todo, cuando Andrés Manuel López Obrador lo apoyó para que fuera postulado para la jefatura del Gobierno del entonces Distrito Federal.
Marcelo Ebrard no participó en la fundación de Morena, y jamás condena al neoliberalismo y sus efectos. Se afilió de última hora al morenismo para poder aspirar a la candidatura presidencial. Perdió y amenazó con lanzarse en pos del cargo por la oposición, una prueba más de su enfermiza ambición de poder. Rectificó cuando comprendió que tenía todo por perder y nada que ganar.
Ahora es el consentido se la ultraderecha empresarial y del poder fáctico mediático, que sostiene campañas de desprestigio contra la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, Morena y la cuarta transformación, pero a él le da espacios privilegiados en sus noticieros y trato excepcionalmente bueno, porque lo quieren como presidente, para que les devuelva sus privilegios, llegue al cargo por Morena o por la oposición.
Sus seguidores confían en que Estados Unidos apoye sus ambiciones, pero no reparan en que en el 2030 Trump ya no será presidente. Por lo pronto, los resultados de su desempeño como secretario de Economía son los menos satisfactorios de todas las dependencias federales. El PIB ha crecido muy poco en el 2025, a pesar de la confianza de los empresarios en el gobierno.




